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El "pez luna" o Mola Mola es un extraño animal que puede
alcanzar los 3 metros y llega a pesar hasta una tonelada. Como se
dejan llevar por las corrientes de agua cálida y hay tan pocos especímenes,
el encuentro entre machos y hembras es realmente raro. Por eso cuando
se produce no hay que desaprovecharlo y la hembra pone 900.000 huevos.
La gran cantidad de huevos, que se producen en una puesta, indican que
su tamaño no puede ser grande por eso sólo tienen medio milímetro
de ancho. Esto representa una particularidad zoológica ya que el
alevino, al nacer, es 60 millones de veces más pequeño que su madre,
esta es una cifra asombrosa sobretodo si se tiene en cuenta que el ser
humano es apenas 20 veces más pequeño que sus progenitores.
A pesar de ser un animal muy grande su
boca es pequeña es por eso que se nutre de pequeños crustáceos, medusas y plancton. Por su gran tamaño y por tener una piel muy
gruesa y rugosa no tiene enemigos naturales. Eso hace que vague
lentamente por los mares sin reaccionar, ni siquiera huir, al momento
de ser atacado. Los ictiólogos aducen esta falta de reacción al
hecho de que un animal de 200 kg. tiene un cerebro de tan sólo 4
gramos. Es por eso normal que frecuentemente pueda confundir una bolsa
de nylon, arrojada al mar accidentalmente con una medusa, comerla y
morir atragantado.
Las diferencias de tamaño entre machos y hembras de la misma especie
es casi una constante en el reino animal. A veces esa diferencia se
hace mucho más notable.
Los machos de algunas especies de peces
abisales son de tamaño mucho menor que las hembras y además viven
como parásitos de ellas. Se fijan a la región ventral con sus mandíbulas
y se alimentan de su sangre. O sea que la hembra, como la de la foto
que lleva dos machos, no sólo transporta sino que alimenta a
sus dos cómodos maridos.
Los peces abisales son los que viven a
miles de metros bajo la superficie del mar, donde no llega la luz y
soportando enormes presiones. La adaptación a este extraño medio ha
hecho que se desarrollen formas realmente increíbles entre estos
animales que suelen ser de tamaño muy reducido, en el caso de los
peces, y con estrategias de alimentación ampliamente desarrolladas.
Lamentablemente los seres humanos conocemos más la superficie de la
luna que el fondo del mar de nuestro planeta.
El pez vela es el más veloz de los peces marinos al alcanzar una
velocidad de 30 metros por segundo lo que supone unos 109 kilómetros
por hora. O sea que podría atravesar a lo largo una pileta olímpica
en menos de un segundo. Esta velocidad la logra gracias a un pedúnculo
caudal muy poderoso, además se supone, que la prolongación de su
mandíbula superior es una ayuda para hender las aguas al
favorecer su hidrodinamia. Con sus tres metros de envergadura y sus
cien kilos de peso es, además, uno de los animales más
elegantes del océano. Frecuentemente se lo suele confundir con el
Marlín o el pez espada, con los que tiene en común sus
espectaculares saltos fuera del agua, pero pertenecen a familias
diferentes.
Lamentablemente, está considerado como
el más noble de los peces que se pueden pescar ya que ofrece una gran
resistencia al tratar por medio de fuertes carreras subacuáticas y
espectaculares saltos librarse del anzuelo que le perfora la mandíbula.
El pescador, orgulloso de su presa, debe mantener firme el sedal para
impedir que su víctima escape a la suerte a que ha sido destinada, la
de un vano trofeo y un modelo para fotografiar en el muelle. En 1963
se conseguían presas con un peso promedio de 120 kg. Hoy se considera
una presa excelente a la que llega a pesar 40 kg. lo que demuestra que
los ejemplares que se están pescando actualmente son juveniles y que
la pesca indiscriminada no permite que los perseguidos peces vela no
consigan llegar a adultos.
Los
animales marinos, a diferencia de los terrestres no pueden, por si
mismos, limpiarse la piel combatiendo a los parásitos. Por ello
acuden a verdaderos "centros de limpieza". En cada arrecife
hay un rincón donde otros animales se encargan de esta tarea. Cada
vez que un pez quiere ser limpiado se dirige a este sector y se queda
muy quieto. A veces un cambio de color del pez es una clara señal
de que espera un "servicio".
Este hermoso pez mariposa de largo
hocico está siendo "atendido" por un camarón que se
encarga de picotearle los parásitos. En ocasiones estos camarones
limpian las heridas de los peces comiéndose los tejidos muertos y
facilitando la cicatrización. La audacia de los camarones llega a tal
punto que se los ha visto introducirse en la boca de las morenas para
limpiar su interior, mas allá de lo que podría creerse la morena no
tiene ninguna actitud ofensiva sobre este pequeño limpiador, quizás
su docilidad se base en el hecho de que necesita de él diariamente.
También algunos peces pequeños se encargan de la limpieza de
ejemplares más grandes.
En este tipo de relación, llamada
"simbiosis", los dos individuos obtienen un beneficio. El
mar está lleno de hermosas historias, esta es, tan sólo una más...
El Garibaldi, hermoso residente de los bosques de kelp de la
costa de California, se reproduce entre marzo y julio. Para ello el
macho construye un nido y se las ingenia para atraer a las hembras
para que realicen la puesta. Después se dedica a cuidar los huevos,
mueve continuamente sus aletas para renovar el agua y los protegen
hasta que eclosionan. Pero, a veces, cuando las crías están por
nacer, se las come.
Se ha encontrado una posible explicación
a este insólito canibalismo en un pez que tanto protege la puesta. El
Garibaldi macho, para asegurar la mayor descendencia procura atraer a
su nido al máximo número de hembras para que pongan sus huevos.
Pero, al parecer a éstas no les gusta realizar la puesta pegadas a
la puesta de otra hembra. Entonces el macho en su afán de conseguir
un mayor número de huevos, se come los huevos que están en el borde de
la puesta anterior para que la otra hembra tenga lugar para
desovar sin que las puestas se toquen o sea que sacrifica algunos para
hacer un poco de lugar y lograr, entonces, muchas más crías.
Las relaciones padres-hijos
entre los peces son tan variadas que van desde el desentendimiento
total del huevo recién incubado a un estado de alerta y constante
protección de las crías. La mayoría de las veces es uno solo de los
progenitores el que se encarga del cuidado de los huevos o las pequeñas
crías.
No es el caso del Discus, el más bello
de los cíclidos, pez de agua dulce residente de la cuenca del
Amazonas y muy popular por su gran adaptación a los acuarios.
Los padres montan guardia por turno,
vigilando e incubando los huevos. Una vez incubados toman con la boca
a los recién nacidos y los trasladan a una superficie donde cada uno
de ellos queda adherido retorciéndose al final de un corto hilo. Los
alevinos comienzan a nadar libremente a los cuatro días de haber
nacido.
Para alimentar a los pequeñas crías
los padres segregan una mucosidad por su piel que los pequeños
alevinos chupan apresuradamente. Aunque ambos progenitores pueden
alimentar a las crías se toman, alternadamente, temporadas de reposo
y con una sacudida de su cuerpo transfieren todos los alevinos a su cónyuge.
Lamentablemente este completo método
de defensa no les evita ser las víctimas de los seres humanos. Al ser
sacado del agua el pez globo se infla ya que tiene la misma capacidad
para tragar aire que agua. Expuestos al sol se secan conservando la
forma redondeada y una vez secos se los utiliza como adorno. En China
son muy populares ya que, una vez secos, se les introduce por la
boca una bombilla eléctrica convirtiéndolos en "lámparas de
pez globo" a las que cuelgan de los techos.
A pesar del veneno mortal estos peces
son comidos con gran placer en el Japón. Con ellos se prepara el
"Fugu". Un cocinero necesita poseer un certificado de una
escuela especial en la que se enseña a preparar el Fugu. La
intoxicación como resultado de comer pez globo mal preparado es
mortal en el sesenta por ciento de los casos. Sin duda alguna un plato
de alto riesgo.
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