Historia 1968 - Eurocopa
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Un milagro a la italiana

Un éxito por sorteo tras el empate en semifinal delante de la URSS (0-0 tras la prolongación), una final disputada sobre dos encuentros frente a Yugoslavia (1-1 en la primera y 2-0 en la segunda): Italia obtuvo, jugando en casa, su único título europeo en 1968 con una buena dosis de suerte pero también de talento.

En esta tercera edición de la Copa de Europa de Naciones, la mayoría de los países del Viejo Continente respondieron finalmente presente y 31 de ellos participaron en las eliminatorias. Por primera vez, siguiendo el ejemplo de la Copa del Mundo, los mismos estaban repartidos en ocho grupos de los que salió un sólo equipo calificado: España, Bulgaria, URSS, Yugoslavia (que eliminó a la RFA), Hungría, Italia, Inglaterra y Francia.

El equipo yugoslavo de Osim y Dzajic, la formación rusa por tercera vez seguida, el equipo del inglés Bobby Charlton, --quien acababa de ganar la Copa de Europa de los Clubes Campeones con el Manchester United--, y el equipo italiano formaron parte del último cuarteto de esta competición que comenzaba a tomar forma.

El papel decisivo de Mazzola

En la primera semifinal jugada en Florencia, Inglaterra - último campeón del Mundo en la época -, es eliminado por un magnífico equipo yugoslavo que se impone gracias a un gol de Dragan Dzajic en el último minuto, pero que pierde desgraciadamente al cerebro del equipo, Ivica Osim, lesionado tras un marcaje violento de Nobby Stiles y los suyos.

Por su parte, la "squadra azzurra" beneficia de un primer milagro en Nápoles donde se califica para la final frente a la URSS (0-0 tras la prórroga), pero solamente al ganar el sorteo. Giacinto Facchetti será el que anuncie la buena noticia en el estadio de San Paolo, tras haber salido corriendo de los vestuarios para prevenir al público que lo esperaba en silencio y con angustia.

En la final, en el estadio olímpico de Roma, Yugoslavia controló bien el partido pero se enfrentó a una intransigente defensa italiana, a la imagen de su joven arquero Dino Zoff. Un tiro libre directo de Angelo Domenghini respondió a un nuevo gol de Dzajic y la final tuvo que volver a jugarse dos días más tarde. Una verdadera primicia.

La segunda final sonrió a Italia cuyos jugadores, más frescos físicamente, no dejaron ninguna posibilidad a los yugoslavos. Al marcar en la primera media hora de juego, Gigi Riva y Pietro Anastasi ofrecieron el título a una "Nazionale" con suerte pero también con talento, liderada por Sandro Mazzola, verdadero representante de la insipiración del juego italiano.