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“¿Buena
o mala suerte?. . . ¡Sólo Dios sabe!” Dramatización
de: Gladys Urrutia de Espinoza y Luis Espinoza de Urrutia
Personajes:
( 3) – N = Narrador; A = Anciano, V = Vecinos N
- Un
antiguo relato chino, cuenta la historia de un anciano
campesino que tenía un viejo
caballo para trabajar su campo. Un día, el caballo escapó
a las montañas. Cuando
los vecinos del anciano lo supieron, se acercaban para
condolerse con él. V
- ¡Cuánto
lamento su desgracia! N
- Pero,
el labrador, les contestaba: A
- ¿Mala
suerte? , ¿Buena suerte? , ¡Sólo Dios lo sabe! N
- Una
semana después, el caballo regresó de las montañas,
trayendo consigo una manada
de caballos salvajes. Entonces, los vecinos fueron a visitar
al campesino: V
- ¡Ahora
sí que hay motivos para felicitarlo! , ¡Está con suerte! N
- Pero,
el anciano, a todos les contestaba por igual: A
- ¿Buena
suerte? , ¿Mala suerte? , ¡Sólo Dios sabe! N
- El
hijo del anciano labrador intentó domar uno de los potros
salvajes. Se cayó y se
quebró una pierna. Cuando el vecindario se encontraba con
el campesino, le
comentaban:
V
- ¡Este
accidente, sí que es una verdadera desgracia! N
- No
pensaba así, el viejo campesino y se limitaba a decir: A
- ¿Mala
suerte? , ¿Buena suerte? , ¡Sólo Dios sabe! N
- Un
par de semanas más tarde, se supo que el emperador había
declarado la guerra.
Una patrulla de soldados entró en el pueblo reclutando a
todos los jóvenes V
- ¿Habrá
sido “buena suerte” o “mala suerte”? N
- Todo
lo que a primera vista parece un contratiempo, puede ser un
disfraz del bien. Y
lo que parece bueno a primera vista, puede ser realmente dañino.
Así pues, será una
sabia actitud que dejemos decidir a Dios lo que es mala o
buena suerte. Reflexión:
Alabemos y agradezcamos al Dios de la Vida que “sabe
disponer todas las cosas
para el bien de sus hijos” ( Rom 8/28 ). Pidámosle que
podamos decir
como
Jesús, desde lo más profundo del corazón: “Mi alimento
es hacer la
voluntad de mi Padre ( Jn 4/24 y Jn 8/29 ), y que nos dé el
Espíritu Santo (
Lc 11/13 ), con los dones de sabiduría, fortaleza y
constancia para que
asemejándonos
a Jesús, también podamos ser consecuentes y
decir llenos de
confianza
y convicción tal como El: “Padre que se haga tu voluntad
y no la mía”(
Mc 14/36 ). Oración
de Sto. Tomás Moro: Señor, concédeme serenidad para
aceptar las cosas que no
puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y
sabiduría para
distinguir
la diferencia entre ambas. Amén.
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