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Así
como la Patria convocó en el siglo XIX a Belgrano, a San
Martín y a otros, en el siglo XX a Irigoyen, a Perón
entre otros, en este siglo la Patria convoca a los
Docentes. Porque corre el riesgo de ser sometida por la
peor de las miserias, “la miseria espiritual” Esta
es la HORA DE LOS DOCENTES, porque el docente es la
reserva moral del pueblo, porque es la garantía de la
confirmación del ser nacional. No
hay destino digno sin cultura nacional, no hay cultura
nacional sin valores, ROL DOCENTE EN EL TERCER MILENIO Se
ha llegado a discutir muchas veces entre los más
encumbrados pedagogos, y se seguirá discutiendo, si enseñar
es un arte o una ciencia. Asunto difícil, diremos, de
establecer de forma categórica, porque en ella uno
utiliza todos los conocimientos que la “Ciencia de la
Educación” nos provee, pero también, utilizamos los
conocimientos que nos da la vida, que al fin de cuentas,
resulta ser la más grande de todos las ciencias. Sin
embargo, es indudable que enseñar es un arte, que
utiliza, como todas las artes, conocimientos científicos
cristalizados en leyes. Ahora bien, si en lugar de arte
fuese ciencia, ya existiría alguna fórmula para crear
una obra de arte como las que hicieron los grandes
educadores de la humanidad. Además, a nadie se le hubiera
ocurrido semejante transformación de la “formación
docente” en particular y del Sistema Educativo en
general, en Argentina y en el mundo entero, porque no habría
motivo alguno que la justificara. Sin
temor a equivocarnos, podemos afirmar, que no existe una
ciencia que capacite al hombre para realizar esta clase de
trabajo. Y, si dudamos de esta afirmación, observemos a
nuestro alrededor, preguntándonos: ¿Todos los docentes
logran el mismo éxito en circunstancias semejantes? La
respuesta es una verdad de perogrullo. No, no todos los
docentes logran éxitos semejantes en circunstancias
semejantes. Pero, además, solemos escuchar que nuestros
colegas se quejan del grupo que ese año les ha tocado y,
generalmente, la culpa es de los alumnos; que no quieren
estudiar, que son indisciplinados, etc... Todas las quejas
intentan justificar, en el fondo, el fracaso del
profesional. Por lo tanto, no existen ni fórmulas ni
recetas que capaciten al hombre para enseñar, es decir:
señalar el camino que conduce a la autoeducación en el
marco del proceso de personalización. La
ciencia difiere del arte, porque se rige por leyes, las
cuales establecen que a las mismas causas corresponden los
mismos efectos. El arte, en cambio, es una cosa distinta,
no tiene reglas fijas ni leyes, sino que se rige por
principios: grandes principios que se enuncian de una
misma manera, pero que se aplican de infinitos modos y
formas. Vale decir: que nada nos da la posesión de un
arte, de un principio como cierto, sino que mediante la
transformación que el criterio y la capacidad del docente
hacen en su aplicación en cada caso concreto; porque las
mismas causas, en la enseñanza, no producen los mismos
efectos. Intervienen los hombres, el contexto
sociocultural, el contexto institucional y los hechos
educativos, y aún en casos similares, a iguales causas no
se obtienen los mismos efectos, porque cambian los hombres
y cambian los factores que juegan en la enseñanza. En
este sentido, podemos reflexionar sobre nuestra práctica
profesional: ¿Alguna vez, en nuestra práctica
profesional, vivimos experiencias idénticas? De
manera, que enseñar es un arte “sui generis”. Es
distinto de todos los demás, Es un arte, porque presupone
permanente creación. Enseñar sin espíritu creador
conduce inexorablemente al fracaso. Y, es permanente
creación porque los hechos educativos no se repiten, al
igual que para todos los docentes cada año lectivo es una
nueva experiencia, porque nunca es idéntico al anterior.
Porque cambian los factores que intervienen en el hecho
educativo, por lo tanto, jamás se puede repetir la misma
experiencia educativa. Por
ello, la habilidad del docente está en percibir la
realidad educativa áulica tal cual se presenta, del mismo
modo la institucional, la del medio sosiocultural[i].
Es decir: captar con la mayor justeza cada uno de los
factores que intervienen, de modo directo o indirecto, en
su verdadero valor, sin equivocar ninguno de los
coeficientes intervinientes, que con distinta importancia
escalonan las formas principales y las formas secundarias
del hecho educativo. Captada
la realidad educativa en su totalidad, analizada con
criterio educativo, y comprendida con espíritu objetivo y
real, le permitirá al docente penetrarla para operar en
ella con eficiencia y eficacia. La formación docente debe
responder a la doble finalidad de conocer, analizar y
comprender la realidad educativa en sus múltiples
determinaciones: abarcar en los máximos niveles de
profundidad posibles, las dimensiones de la persona, y
elaborar un rol docente que constituya una alternativa de
intervención en dicha realidad mediante el diseño,
puesta en práctica, evaluación y reelaboración de
estrategias adecuadas[ii]
para la enseñanza de contenidos a sujetos específicos en
contextos determinados[iii]. La
tarea de enseñar, naturalmente, se produce en la
personalidad del docente. Es algo tan extraordinario, que
sólo la pueden paladear los que ejercen la docencia. Analógicamente,
como lo que sucede con los organismos fisiológicos, que
ingiriendo sustancias distintas,
pueden producir reacciones y efectos similares;
cada alumno es una persona idéntica a sí misma,
indivisible, única, inmanente y trascendente al mismo
tiempo, con un bagaje cultural particular que lo hace
irrepetible en el tiempo y en el espacio, por lo tanto,
distinto a los demás pero, cuando el docente acompaña a
todos y cada uno de sus alumnos en el proceso de apropiación
y construcción de saberes posibilita que, sus alumnos
alcancen un aprendizaje similar con resultados similares.
Esto es maravilloso; enseñar para que cada alumno día a
día construya su propio saber, que fortalecerá su
proceso de personalización con una dinámica constante de
descubrimiento, conquista y posesión de sí mismo. No
hay tarea más excelsa que la de enseñar. El docente le
enseña a pescar a sus alumnos, pero no le da el pescado.
Señala el camino de la autoeducación que alienta la
realización de la personalidad. Enseñar
es un arte simple y todo de ejecución. Simple para el que
posee las cualidades y calidades para ejercer la docencia
y difícil para el que no las posee, pero que puede
adquirir realmente. Es un arte todo de ejecución porque se basa en la práctica, entendiendo a la práctica en el marco de la formación docente continua, es decir: “la formación docente, además de las habilidades, actitudes y destrezas deberá dotar al sujeto de múltiples saberes. Estos saberes deberán permitirle a los docentes: conocer, analizar y comprender la realidad educativa en sus múltiples determinaciones, comprender en los distintos niveles de profundidad posibles, las complejas dimensiones de la persona para el desarrollo de la formación integral del alumno, asumir
en la construcción un rol docente que actúe en dicha
realidad mediante el diseño, puesta en práctica,
evaluación y reelaboración de estrategias adecuadas para
el desarrollo integral de la personalidad a través de la
promoción del aprendizaje de saberes, habilidades y
actitudes, de educandos específicos en contextos
determinados. Se
afirma que sólo tomando a la práctica como eje, podrá
construirse un currículum que posibilite la comunicación
de estos saberes[iv].
Aquí el término práctica esta designando dos cuestiones
diferentes: por un lado, “práctica” equivale aquí a
la realidad educativa actual; incluso las prácticas
reales y efectivas de los docentes en ejercicio, pero no
se agota en ellas. En este sentido, cuando decimos que el
currículum debe tomar la práctica como eje, estamos
diciendo que la realidad educativa actual
- incluyendo las prácticas reales y efectivas de
los docentes - deberá
ser objeto de estudio, de modo que el sujeto pueda conocer
la realidad educativa, analizarla y comprenderla en sus múltiples
determinaciones, en los máximos niveles de profundidad
posibles. Por
otro lado, práctica designa específicamente la tarea del
docente, tal como fuera definida anteriormente, En este
sentido, cuando decimos que el currículum debe tomar la
práctica como eje, estamos diciendo que el rol docente,
definido en los términos en que lo hemos hecho, debe ser
objeto de un trabajo de construcción. Esta
distinción entre los dos usos del término práctica nos
ha permitido explicar que la formación de maestros y
profesores reúne dos finalidades complementarias
(conocer, analizar y comprender la realidad por un lado, e
intervenir en ella por el otro), cada una de ellas atiende
a uno de los dos sentidos que le damos al término práctica.
Sin embargo, es necesario retener que ambas finalidades
son complementarias e indisociables si lo que se quiere es
capacitar a los sujetos para que construyan y fortalezcan
su capacidad de decisión frente a las necesidades que
plantea la compleja práctica educativa. De
alguna manera, los saberes que deberán dar respuesta a
ambas finalidades admiten la distinción entre saberes
explicativo-descriptivos y normativo-prescriptivos. Sin
proponer correspondencias estrictas, parece claro que los
saberes explicativo-descriptivos son susceptibles de
relaciones fácilmente con la equivalencia “práctica”
igual “realidad escolar”, mientras que los saberes
normativo-prescriptivos parecen relacionarse claramente
con la equivalencia “práctica” igual “rol
docente”. Retener esta distinción es útil a fin de: evitar
deducir a partir de las explicaciones prescriptivas
directas para la acción, evitar
reducir la construcción de la intervención educativa al
entrenamiento en un listado de recetas eficaces, tener
presente toda la gama de saberes que debe cubrir la
formación. De
cualquier modo, la distinción entre tipos de saberes no
debe extremarse: es una distinción útil con fines analíticos,
según hemos puntualizado arriba, pero en realidad la
comprensión de la situación y la prescripción para la
acción no son escindibles. En efecto, cuando se explica
la realidad se escogen determinadas dimensiones para su análisis
que orientan el marco para la toma de decisiones. Por otro
lado, el proceso mismo de decisiones se realiza en buena
medida en función de los elementos de explicación y
comprensión de la realidad sobre la cual se debe actuar. Desde
esta perspectiva, tanto la comprensión como la prescripción
pueden empobrecerse si se lleva su distinción al extremo,
puesto que el análisis de los efectos de la intervención
enriquece no sólo la propia intervención sino también
la comprensión misma de la realidad, y todo
enriquecimiento en la comprensión de la realidad permite
reformular la intervención. El
docente indudablemente nace, pero también puede crearse y
perfeccionarse. De esto, se puede hablar en sentido analítico
y en sentido filosófico días enteros. Pero, no es
nuestra finalidad extendernos en conocimientos abstractos
que no conducen a nada constructivo sobre lo que es y debe
ser el docente, sino simplemente queremos señalar algunos
de los conocimientos que necesariamente debe poseer para
ser más sabio en cada una de las ocasiones en que deba
intervenir. Por principio, el docente, no es solamente un
captador de realidades, y que desde ella elabora éxitos o
fracasos educativos. Quién
proceda con un criterio más o menos formal para
cristalizar sistemas, para establecer métodos didácticos,
para crear recetas para enseñar, se equivoca[v].
Como se equivocaron los teóricos de la educación, que en
la creencia de que por repetir teóricamente la mayor
cantidad de conceptos, evaluados con rigor académico, se
educaba al alumno. Pero, del mismo modo, se equivocaron
los que psicologizaron la educación, transformando el
aula en un “cuasi-gabinete psicológico”[vi],
porque caen indefectiblemente en reduccionismos que, en
definitiva provocan mayor confusión, ineficacia
educativa, desprestigio social y profesional, intrusismos
oportunistas, definiciones poco precisas, problemas mal
planteados, que concluyen en el fracaso escolar, toda vez
que, el docente se desgasta anímicamente por aportar
esfuerzos de todo tipo, que en definitiva, resultan inútiles. Es
decir que: ni el rigorismo pedagógico[vii],
ni el laxismo académico[viii],
educan. Ambas producen inexorablemente el fracaso escolar.
Y, para demostrar esta afirmación, no hacen falta
argumentos pedagógicos, que los hay y de sobra, sólo es
suficiente con observar la realidad social como producto
de esas corrientes pedagógicas reduccionistas de la
realidad educativa, que no hacen más que corromperla.
Entonces, ese producto flor y nata de una enseñanza
deteriorada, no puede ser más que un fruto corrupto. Pero
de ello, somos todos responsables, unos por acción y los
docentes por omisión. Por
lo tanto, si fuese posible enseñar con sentido esquemático
o con sentido dinámico, mediante sistemas preestablecidos
o recetas didácticas, al alcance de todos, sería una
actividad muy fácil y hoy gozaríamos de una sociedad
educada, altamente instruida, con actitudes
personalizantes y con procedimientos claros y
transparentes orientados a la construcción del bien común.
La realidad nos indica que esto, todavía, es un ideal por
alcanzar y, por el cual, vale la pena aportar
todo el esfuerzo y sacrificio que contribuya para
su logro. Por
lo dicho se deduce que no es fácil enseñar, es una
actividad verdaderamente difícil, precisamente, porque la
principalísima exigencia para producir una eficaz enseñanza
es crear y, hasta ahora, lo que más le cuesta al hombre
es producir “cosas”[ix]
desde la creación. Tenemos mucho hecho en el mundo, pero
poco creado. Y lo medular de la tarea del docente es
crear. Crear siempre. Estar siempre dispuesto a crear. En
la enseñanza, deben tenerse presente dos partes
fundamentales que, no deben olvidarse, porque la componen
esencialmente: por un lado, la parte vital del arte de
enseñar, que es el docente y, por el otro, la parte
inerte, que comprende toda la teoría del arte y su técnica. La
teoría y su técnica pueden ser aprendida por cualquiera,
por cualquiera que se lo proponga y cuente por lo menos
con las capacidades intelectuales mínimas que se
necesitan para cualquier actividad intelectual. Pero no
por haber aprendido la teoría y su técnica se está en
condiciones de enseñar, el que así lo crea se equivoca,
porque lo que realizará efectivamente es cientificismo o
tecnicismo, que no enseñan, sino que corrompen, lo que ya
he señalado suficientemente. Enseñar, es mucho más que
manejar algunos secretos de la enseñanza aportados por la
ciencia y la técnica, porque hay un secreto superior, que
estos campos del saber no pueden aportar, sólo se puede
llegar a través de la intuición, que le permite al
docente captar las pequeñas cosas que para el científico
o el técnico pasan desapercibidas. Estas pequeñas cosas
del hecho educativo inmerso en un contexto sociocultural,
mueven la capacidad de crear. Algunos docentes la poseen
desde el vientre materno, otros la adquieren, pero la
alcanzan en distinta medida. Uno
de los grandes errores de los hombres dedicados a la
docencia es considerar, que enseñar es sólo una cuestión
de técnicas pedagógicas, adquiridas memorística y mecánicamente
y aplicadas esquemáticamente. Grave error, porque el
docente debe comprender críticamente la realidad del
aula, la realidad institucional, la realidad
sociocultural-contextual, que es la que le da sentido a la
existencia institucional y, finalmente, la realidad
sociocultural global que explica la realidad
sociocultural-contextual[x]. Por
ello, cuando elaboramos un proyecto áulico, debemos
comprender previamente el proyecto Institucional, que para
nosotros es un proyecto de vida, que no sólo fundamenta a
los proyectos áulicos, sino que también, comprende y
contiene al medio sociocultural que contextualiza a la
misma Institución Escolar, influyendo en el mismo medio
de modo educativo. El
aula no es un compartimento estanco y aislado. Del mismo
modo que la escuela no es un edificio en el desierto, ella
vive y convive con su contexto social que le demanda
educación[xi].
Este es el punto de partida de la razón de ser de la
existencia escolar. Por eso, es necesario que el docente
tenga claro el concepto de universalidad de la acción
educativa. Ésta no se puede dividir ni aislar; la educación
es un campo indivisible e integral, lo mismo que el
ejercicio de la profesión docente[xii].
Y comprender esto, es condición “sine-qua-non”[xiii]
para ser un profesional, de lo contrario, jamás podrá
actuar bien en el campo de la docencia. Vale
decir: que la docencia no se aprende, se comprende. Se
puede aprender su teoría y su técnica, pero ya señalamos
que enseñar es algo superior, para lo cual, es necesario
comprender lo que venimos desarrollando. En
consecuencia, a la docencia no se la puede mirar en pequeño,
porque es una actividad integral. Todo, necesariamente,
está comprendido por la educación; a modo de ejemplo:
(mirado desde los deberes indelegables tanto del Estado
como de los padres, que son cuatro: Justicia, Salud,
Seguridad y Educación) la educación forma médicos,
jueces y funcionarios y agentes del orden, vale decir; que
estas tres funciones dependen de la educación y no existe
dependencia alguna de la educación con esas funciones.
Por ello, los pueblos que no prioricen la educación,
inexorablemente, quedarán sumergidos en la miseria
material y espiritual, que es la peor de las miserias. Del
mismo modo que la educación es la mayor actividad
integradora de la Nación, lo es también de una escuela,
de un aula y de una familia, de la persona que aprende y
de la que enseña, de los conceptos, de los
procedimientos, de las actitudes efectivamente enseñados
y aprendidos. Por esto, no se puede dividir al docente ni
al alumno en partes. Se enseña y se aprende
integralmente. Porque enseñar es un hecho eminentemente
educativo, no se puede enseñar a una persona en partes,
debido a su integralidad intelectual, volitiva, afectiva y
corporal; individual y social; inmanente y trascendente,
en suma, material y espiritual. En
otras palabras, no se puede comprender cabalmente a la
enseñanza, desde nuestra conceptualización: enseñar =
conducir, si no se tiene un panorama integral de la
educación, que es universal e indivisible, pero que uno
si la puede penetrar y comprender. Otro
aspecto que es necesario comprender para realizar una
buena tarea educativa es, saber
valorar la importancia de la intuición.
Lamentablemente, el racionalismo ha desacreditado a la
intuición, como modo pleno de conocimiento. Por ejemplo:
una madre, muchas veces, no conoce una necesidad de su
hijo a través de especulaciones racionales, sino por
medio de la intuición. Afortunadamente es así, porque si
ellas hubieran pretendido conocer con la sola razón las
necesidades de sus hijos, la humanidad ya hubiera
desaparecido de la faz de la tierra. Para la tarea
docente, la intuición es fundamental, porque proporciona
datos y conocimientos que la especulación intelectual jamás
podría alcanzar “a priori”. Además, la intuición
que todos poseemos por nuestra naturaleza humana, es el
estímulo permanente de la creación. Es decir: que
desarrollando la intuición nos estamos preparando, casi
sin darnos cuenta, para ser creativos[xiv].
El conocimiento intuitivo es mucho más eficaz y seguro
que el conocimiento por especulación racional. Esto visto
desde la creación, desde el desarrollo histórico de la
humanidad, desde la misma enseñanza. De manera que,
aquellos que nunca se atrevieron a ser creativos o que
anularon esta capacidad por ser puramente racionales,
ejercitando la capacidad natural de la intuición pueden
volver a recuperar esa facultad humana de la creación.
Además, en este ejercicio, también se desarrollan las
seguridades que la práctica profesional requiere. Es
imposible aprender la docencia, son tan cuantiosos los
casos que la docencia plantea, que quién quiera
aprenderlos a todos, se moriría antes de haber aprendido
la milésima parte. Es decir: que la experiencia docente
es comprensible para el entendimiento de los hombres, para
construir el criterio profesional necesario para enfocar
los problemas y resolverlos educativamente pero no para
memorizarla. Jamás
uno debe pretender acordarse de todos los casos que han
pasado en la historia, que se asemejen al que se debe
resolver, o que es lo que en teoría dice como principio a
aplicar. Eso no tiene ningún valor; es el conocimiento,
análisis y comprensión del problema lo que va a dar la
solución De
cualquier situación fluye, teniendo en cuenta el proyecto
áulico, que es lo que hay que hacer para que caminemos de
la situación presente (actual) a la situación objetivo[xv]
que perseguimos en el proyecto áulico. El camino surge de
la experiencia de la situación. Y, eso hay que mirarlo
objetivamente. Es poner en movimiento el proyecto áulico,
en consecuencia, de allí
va a salir el camino, camino único o múltiples
caminos, pero camino, que es lo que uno busca entre la
situación presente y la situación objetivo propuesta, ya
sea que esté referido a los contenidos conceptuales, a
los procedimentales, o a los actitudinales. Es
difícil también en este campo, establecer algo concreto,
algo ajustado a la realidad concreta. En este tipo de
actividad nada hay que sea concreto, salvo la situación
educativa actual que plantea cada caso, es decir: la
situación que plantea cada alumno, y para resolverla, los
caminos son muchos, pero hay sólo uno que es el más
adecuado. La sabiduría del docente está en “saber”
encontrarlo. Frente
a las situaciones educativas, el docente es un constructor
de éxitos. El éxito se traduce en el logro de los
objetivos propuestos en el proyecto educativo áulico. No
depende de la suerte, tampoco de la casualidad y no es
designio del destino. El éxito se construye, se realiza.
Es decir: que el éxito en la enseñanza se concibe, se
prepara se organiza, se realiza y, finalmente, se lo
explota. Porque el éxito en los docentes está en los
mismos docentes, está en su propia práctica[xvi]. EL
DOCENTE ES UN CONSTRUCTOR DE ÉXITOS.
Esa es la mejor definición que se pueda decir de un
docente. En este sentido, el docente es un profesional que
recibe una situación[xvii]
y un objetivo curricular[xviii],
más las demandas regionales, entonces, es de su exclusiva
responsabilidad construir el éxito. Que para lograrlo,
deberá acompañar a sus alumnos en sus respectivos
procesos de construcción de los propios saberes para que,
individual y comunitariamente realicen el proyecto áulico.
Para ello, deberá implementar metodologías didácticas
originales que se adecuen a las necesidades del aula. En
este sentido, los métodos son sólo instrumentos, se
utiliza el que sirve y, si no sirve ninguno, se construye
uno nuevo. El docente debe tener la plena libertad de
utilizar los instrumentos que más convengan al proceso,
ello lo determinará de acuerdo a la circunstancia
educativa que deba enfrentar. Entonces, La práctica
docente es, lisa y llanamente, la construcción de éxitos
educativos y, el docente es el responsable de que ello
ocurra. Por eso, él utiliza técnicas, inspiración y la
propia capacidad para enseñar. Si
tiene una gran Técnica, le puede salir una buena
realización; si tiene también inspiración, puede
salirle linda; pero si además, tiene talento, entonces,
sale una gran realización educativa; y
si posee un talento privilegiado, hace algo nuevo
en materia educativa que revolucionará la pedagogía en
el mundo. En fin, esto tiene infinitas gradaciones, como
infinitas pueden ser las creaciones del hombre. En
síntesis, lo primero que se necesita es contar con un
criterio amplio y descartar los sistemas, rutina y las
recetas. Es decir; que
en la actividad docente no se puede copiar, es necesario
crear, porque el arte es creación. Nadie
se ha hecho famoso copiando cuadros o esculturas, ni
tampoco copiando ejemplos, porque a veces también, se
copian los malos ejemplos. Es cuestión de discernimiento,
y en consecuencia, crear. Tenemos que poner en juego el
criterio, no la memoria, no las recetas ni los sistemas,
tenemos que evitar la rutina. Para la docencia no hay
estructuras que sean infalibles y que perduren en el
tiempo. Todos los métodos, cualquiera sea, sólo son útiles
en la medida en que desarrollemos nuestro criterio
docente. La
práctica profesional, es uno de los aspectos de la vida
del docente que es imposible sistematizar; no puede haber
sistematización. Esa es la enseñanza que surge de la
teoría de la construcción de éxitos. Por otra parte, es
necesario pensar que lo que el docente enfrenta es una
situación concreta, única e irrepetible, porque sus
actores son únicos e irrepetibles y necesita una solución
para esa situación determinada por el tiempo, el espacio
y los actores. Esa solución no la encontrará en ninguno
de los casos de la Historia de la Educación o de la Teoría
de la Enseñanza. Los
principios de la Teoría de la Enseñanza han surgido de
las grandes obras, de las obras maestras de la práctica
docente, de manera que siendo principios empíricos, no
los podemos fabricar nosotros, sino que surgen de los
hechos. Por eso enseñar no es una técnica, sino que es
auténticamente un arte, y de allí, es que el docente no
es un técnico, sino un artista. El
artista tiene ante sí un caso concreto: le encargan una
obra, tiene los materiales e instrumentos, todo lo
necesario. Él debe darle vida, esa es la solución que
buscará si es pintor o escultor, lo mismo que si es
docente. Porque al docente le dan un grupo de alumnos
heterogéneo, contenidos básicos curriculares, un
contexto sociocultural, un proyecto institucional, y él
tiene que construir un éxito, tiene que hacer una obra de
arte; tiene todo lo necesario. Él debe darle vida, esa es
la solución del problema, esa es la construcción del éxito
- sus alumnos mejoraron su calidad de vida- transformándola
en vida más plena. Porque el docente es portador de vida,
y vida en abundancia. Y del mismo modo que nadie da lo que
no tiene, nadie enseña lo que no sabe y nadie transmite
lo que no vive. Por ello, el docente debe vivir
concientemente su propio proyecto de vida. Hay
que darse cuenta de los inconvenientes con que se tropieza
en la realización de una obra educativa, los malos ratos
que hay que pasar, las presiones generadas por conciencias
mediocres, la falta de equipamiento escolar, la
inestabilidad laboral, la envidia del fracasado, la
calumnia del incapaz, la indiferencia de los padres, la
falta de estructura edilicia, la vergonzante retribución
salarial, el manipuleo de la política educativa, la
mediocridad de los gobernantes; noches y días enteros
tristes, pero al final, a pesar de todo esto, se llega a
una solución que posibilitará la construcción de un éxito
educativo, entonces, la satisfacción personal compensa
todos los malestares. Otro
aspecto que es necesario destacar, es que la experiencia
propia en el arte de enseñar, generalmente, llega tarde y
cuesta cara, porque casi siempre, se aprende más de los
errores que de los aciertos realizados, por lo tanto, la
experiencia en carne propia es “maestra de tontos”.
Hay que tratar de aprender de la experiencia de los demás[xix].
De manera que esta gimnasia espiritual permanente, que es
el estudio de todos los hechos, de todos los casos y sus
respectivos análisis. De
tal forma, se van acopiando los conocimientos necesarios.
No se estudian estas situaciones concretas para volverlas
a aplicar, por si el caso se repite, no. Se estudian con
la mayor profundidad posible para lograr un buen
entrenamiento, para formar el criterio docente, pura y
exclusivamente para realizar un ejercicio de la docencia,
y de tal forma, crecer en sabiduría asumiendo la
experiencia de los demás. Este es el valor de los
ejemplos, para trasvasar la experiencia ajena a la propia,
es decir: hacerla nuestra, como si nosotros hubiéramos
vivido esa situación, de tal manera, adquirir el
conocimiento de los hechos para ser más sabio frente a
las ocasiones que se nos pudieran presentar en el
ejercicio de la profesión, en la práctica cotidiana del
arte de enseñar. Aunque
parezca una verdad de perogrullo, no está de más
mencionarlo; una de las cosas más importante para el
docente, es que tenga presente que quién debe conducir
los acontecimientos es él. Jamás debe dejarse conducir
por los acontecimientos. Esta es una de las cosas
fundamentales del docente. “Que sea conductor”. Que él
conduzca los acontecimientos, como primera cuestión y
como segunda, es que debe saber siempre lo que quiere,
debe conocer siempre el objetivo que se propone alcanzar,
es decir: el “proyecto de vida áulica” que pretende
realizar, por ello, es muy importante que el docente
encarne ese proyecto. Estas dos cuestiones, parecen dos
perogrulladas, porque enseñar, lógicamente, presupone
que sea el docente el que origina, desencadena y conduce
los acontecimientos educativos y no que sea él el juguete
de esos sucesos. También
es necesario saber lo que se quiere, lo que verdaderamente
le da sentido a la práctica docente. En la Historia de la
Educación y en nuestro presente son más los docentes que
son conducidos por los acontecimientos, porque entre otras
cosas, no saben lo que quieren, y en consecuencia, no
saben lo que tienen que hacer para actuar con propiedad
frente a los puntuales hechos áulicos. Otro
factor que el docente no debe olvidar, es que en todas las
acciones de la enseñanza hay hechos que son determinantes
o principales y hechos que son circunstanciales o
secundarios, que no inciden en la enseñanza. El secreto
está en observarlos bien, analizarlos bien y
comprenderlos bien, luego dominar los fundamentales y
dejar de lado los secundarios, que no tienen mayor
importancia. O cuanto mucho, atender los objetivos
fundamentales con medios fundamentales y los secundarios
con medios secundarios. El docente en el ejercicio de su
profesión, no debe ocuparse de objetivos de segundo orden
y dejar de lado los verdaderamente importantes. Esto,
también, es muy común entre los docentes, que se
preocupan más por la formalidad burocrática que por enseñar. Esto
sucede, porque el hombre no sólo tiene criterio para
discernir, sino que también tiene pasiones que lo
arrastran. Y, las pasiones lo llevan, generalmente, hacia
objetivos secundarios. Por ejemplo: dejarse llevar por críticas
destructivas destinadas a la Institución o a los
directivos, etc..., que pueden tener un fundamento cierto
pero la metodología de la crítica palaciega, es
destructiva; De modo, que uno no debe dejarse llevar en
este juego engañoso, porque no alimenta nuestra labor
docente, más bien alimentan nuestras pasiones y nos
distrae de nuestra responsabilidad, aunque el fundamento
de la crítica sea cierto corremos el riesgo de perder
toda nuestra acción educativa, porque perdemos de vista
el objetivo principal. Este es un asunto muy importante,
porque contiene la razón misma de ser de la docencia y
también está en la naturaleza del hombre. El hombre
suela ser pasionista por naturaleza y aún por costumbre.
Ahora bien, el docente no puede tener esa clase de
defectos; si bien es cierto, que son propios de la
naturaleza humana, no es menos cierto, que el docente
supone un proceso educativo por el cual, debe haber
superado esas debilidades. Además, ese proceso educativo
permite que el docente cultive y posea ciertas cualidades
y calidades, sin las cuales se verá siempre obstruido en
su labor por su propia personalidad. Hay
cosas que el docente no debe olvidar jamás, ya que el
olvido de ellas le acarreará una serie de inconvenientes
y factores desagradables que se sumarán a los factores
negativos que los hechos le van a presentar y, que a
medida que él los vaya expresando en la práctica, se irán
multiplicando geométricamente hasta que el cúmulo de
errores y factores desagradables anulen toda posibilidad
de enseñar. Repitiendo
un concepto antes dicho, el docente es un artista no un técnico.
Vale decir: que él no elabora nada mecánicamente: la
enseñanza es producto de su creación. En este sentido,
un Pedagogo, que es un perito en esta materia, no
presupone de modo alguno, un docente. Como tampoco un
docente necesita ser un perito. Uno es un técnico el otro
es un artista. Y debemos recordar, que las grandes obras
de la humanidad pertenecen a los artistas no a los técnicos.
No es la técnica lo que lleva a la producción de las
obras maestras. El arte tiene un sentido vital que no
puede reemplazarse por la técnica. Por eso, podemos
afirmar que no son los conocimientos enciclopédicos ni la
extraordinaria erudición los que dan la capacidad para
enseñar[xx]. Enseñar
es actuar, es crear[xxi].
Lo único que la técnica enseña es un sistema, pero no
enseña como realizarlo en cada caso concreto. Esto está
en cada docente o no está. Por
eso decimos, que un perito no presupone un buen docente.
Tenemos tantos técnicos formados en nuestras facultades,
y sin embargo, no hemos visto que ninguno de ellos se haya
destacado en el campo de la docencia; en el mejor de los
casos, son buenos copiadores de recetas, de fórmulas.
Para triunfar en la docencia se necesita ser docente, quién
debe ser, con todo el sentido y profundidad del término,
“MAESTRO”. Porque su acción no se limita a enseñar,
sino que también educa. Se puede enseñar con las
palabras, pero se educa con el testimonio de vida diario,
es decir: con lo que hacemos. Lo que implica un compromiso
integral del docente con sus alumnos. Ello significa, que
debe conocer, analizar y comprender la realidad educativa
para intervenir en dicha realidad mediante el diseño,
puesta en práctica, evaluación y reelaboración de
estrategias adecuadas, para la enseñanza de contenidos a
sujetos específicos en contextos socioculturales
determinados. Esto
implica, además, que debe organizar a sus alumnos para
que todos realicen el proyecto educativo áulico,
reconociendo en esta organización, el proceso de cada
sujeto. De tal manera, resultará previsible que no todos
llegarán a concluir el año lectivo con el mismo nivel de
aprendizaje. Pero también, resultará significativo, que
todos poseerán los Contenidos Básicos Comunes habiendo
desarrollado al mismo tiempo las cualidades particulares
de cada uno.
Es decir: que en el proceso personal cada alumno habrá
construido su propio saber y desarrollado sus propias
habilidades, que lo distingue de los demás. En síntesis,
organizar al grupo. Establecer las normas de convivencia,
celebrar el contrato de enseñanza-aprendizaje y
finalmente, ejercer la docencia. Por
eso el docente debe ser más que un conductor de
acontecimientos educativos, debe saber además, organizar
a sus alumnos, para que el proceso que comienzan a
desplegar sea verdaderamente constructivo. Esta tampoco es
una tarea técnica, puesto que, aquí está en juego la
intuición del docente, que generalmente los técnicos
desprecian, probablemente por falta de confianza en sí
mismos. Y a juzgar por los resultados, el Sistema
Educativo Argentino contiene sobreabundantemente técnicos
y como lamentable contrapartida no abundan los docentes.
Los resultados están a la vista. Si hubieran abundado los
docentes, no sólo en el aula, sino en toda la estructura
del Sistema, otra sería la realidad sociocultural
Argentina. El
Sistema Educativo Argentino, no formó docentes sino técnicos
en educación, con el agravante de que muchos de ellos por
no contar con una buena formación técnica ni ética, son
capaces de actitudes demagógicas para granjearse el
afecto de sus alumnos, en busca de equilibrar su
incapacidad profesional. Este Sistema Educativo Argentino
autoritario e ineficiente para receptar las demandas
sociales, formó técnicos torpes para ejercer la
docencia, y simultáneamente, despreció al auténtico
docente. En
el presente asistimos, como actores, a la recreación del
Sistema Educativo Argentino. Esta es la hora del docente
argentino, porque tenemos la gran oportunidad de
cristalizar nuestros anhelos superando, no sin esfuerzo,
el sentido “gregario” de la educación enciclopedista,
propiedad exclusiva de los “caudillos” pedagógicos. La
diferencia que hay entre el “caudillo pedagógico” y
el docente, es natural. El primero hace cosas circunstanciales, el segundo realiza cosas
permanentes. El caudillo pedagógico explota la ignorancia
de sus alumnos,
el docente aprovecha los conocimientos previos desde donde
parte su labor educativa. El caudillo no enseña, más
bien pervierte, ubicándose como centro del hecho
educativo; el docente enseña, conteniendo a sus alumnos,
no como una masa informe, sino a cada uno de ellos como la
alteridad que lo interpela y le reclama valores[xxii]
educativos, para construir sus propios saberes partiendo
de un contexto real, en el cual, el docente deberá actuar
también directamente, dándole al alumno herramientas
para comprender y transformar criteriosamente su realidad
personal y sociocultural. Es
decir: son maneras de obrar diametralmente opuestas en la
acción educativa. Si un docente, que se dice tal, después
de haber enseñado durante un año a un grupo de alumnos
no deja nada permanente, no es un docente, es un caudillo
pedagógico. Algunos
dicen para justificarse, que los docentes solamente nacen,
pero se equivocan, porque también se hacen. Los docentes
de excepción nacen y no se hacen; pero también es
posible llegar al “genio”
a través del método. El genio, en el fondo, es el
trabajo de campo, en gran parte. La condición está al
alcance de todos los estudiantes y, sostener lo contrario
sería sostener una enseñanza negativa. Como lo era
antes, con los resultados de antes. El estudiante se
capacita para la docencia, en distintos grados, pero se
capacita. Es decir: la docencia supone capacitación y, ésta
a su vez, supone aprender[xxiii].
Dicho de otro modo: educar la inteligencia, la voluntad y
la afectividad; la razón y el espíritu. En
consecuencia, la docencia es materia de capacitación.
Formar el criterio docente por el ejercicio permanente de
la inteligencia, la voluntad y la afectividad en el marco
de los valores morales. De tal forma, se capacita para la
docencia. Teoría y práctica, forman los constitutivos
esenciales de la formación docente. Por un lado, se
desarrollan las cualidades que se poseen, y por el otro,
se adquieren las que no se poseen naturalmente; y esto, es
perfectamente posible. De modo, que sí se puede llegar a
ser docente sin haber nacido “genio”. En realidad, el
“genio” es el trabajo de campo. En
cuanto a los valores espirituales[xxiv]
del docente, lo que se puede afirmar en este sentido es
que, puede carecer de una profunda formación académica,
pero no puede carecer de valores morales. Si carece de
éstos, no es
un docente. Los valores morales en el docente están
por encima de los intelectuales, porque en la educación
la realización está siempre por encima de la concepción.
La concepción intelectual puede ser transferida con las
palabras, pero la realización educativa necesita del
testimonio profesional y personal del docente, porque así
se constata la teoría. Muchas
veces una mala concepción realizada con esfuerzo y
honestidad, llega a buen resultado pero, una buena
concepción con mala realización no llega nunca a nada. Esa
es la razón por la cual, tanto en el artista como en el
docente, la acción esta siempre por sobre la concepción.
Entonces, puede tener carencias conceptuales, pero lo que
no puede tener, son carencias procedimentales y
actitudinales. ¿Cuáles son esos valores morales? En
primer término el docente debe sentirse apoyado por una
Fuerza Espiritual Superior Absoluta[xxv]
, debe sentir fe en sí mismo y tener un optimismo muy
grande. Esto lo impulsa a enfrentar y superar los grandes
desafíos que presenta la educación. Las pequeñas
acciones, visto desde la perspectiva social, le quedan
reservadas a otras profesiones no docentes. El docente
siempre selecciona las acciones y se decide por las
grandes, por aquellas que para emprenderlas hay que tener
la suficiente fuerza de voluntad y la facultad del afecto
altamente desarrollada, que nacen de la fe en sí mismo y
del optimismo que lleve dentro de sí. La educación es la
actividad que presenta los desafíos más grandes, en
comparación con otras actividades que desarrolla el
hombre, y que también son importantes, pero siempre
subordinadas a la educación, porque en ella encuentran su
razón de ser. El
docente debe ser prudente, es decir: debe saber cuando es
necesario jugarse todo a una carta, porque el que arriesga
poco , gana poco. Por ésta razón, el carácter del
docente es la fuerza motriz fundamental en el arte de enseñar.
Los hombres que sostienen la teoría de que para no sufrir
grandes reveses es menester no exponerse mucho. Ellos no
llegan nunca a nada. Es decir: que en la docencia se
eligen los grandes objetivos, los más grandes, con decisión,
con fe en sí mismo y con optimismo. El
docente debe crearse el deber de vencer, que va acompañado
con la abnegación. Éste deber es indispensable en la
docencia. Aquel educador que no sienta el deber de vencer,
difícilmente supere algún desafío, seguramente los
problemas lo apartarán de su tarea, se verá superado por
la situación llegando
indefectiblemente a padecer el fracaso. Resultado, que muy
pocos docentes se hacen responsables, porque generalmente,
trasladan ésta responsabilidad a
los alumnos, convirtiéndolos en los artífices del
fracaso. Por consiguiente el docente es un hombre decidido
a vencer. Pero si no vence, debe saber soportar los golpes
de las circunstancias, con entereza y con la disposición
reflexiva para
superarse, creciendo así, en sabiduría. Es lo único con
que contamos después del fracaso. Para evitar éste
resultado es necesario ser prudente. Para
adquirir el deber de vencer, no alcanza sólo con la
abnegación, es necesario también, poseer carácter,
energía y tenacidad, para cumplir con ése deber. En
consecuencia, no puede ser un hombre confiado en la
suerte, porque es él el que construye el éxito, y lo
hace con carácter, energía y tenacidad. Es decir: que el
docente es un auténtico luchador. Por más inteligente y
bueno que sea, sino lucha por alcanzar lo que se propone,
nunca construirá un éxito educativo. Es
indudable, que el docente debe saber, que en la tarea de
enseñar, él trabaja para sus alumnos. El docente que
trabaja para sí mismo, no llegará lejos. El docente
siempre trabaja para los demás, con los demás y por los
demás, nunca para él mismo, porque si así lo hace, se
obsesiona con su conveniencia, entonces, abandona a los
demás, consecuentemente los demás lo abandonan a él,
quedándose solo. De
lo dicho se desprenden dos condiciones fundamentales del
docente: su humildad para reconocer sus propias
limitaciones y su desprendimiento para no verse tentado a
trabajar para sí. Éstas condiciones que parecen no tener
mayor importancia, la tienen y en un grado extraordinario.
Es consecuencia necesaria sostener, que para ser humilde y
desprendido se necesita poseer
espíritu de sacrificio. El docente en ésta
concepción de la enseñanza es un mediador entre la
interioridad del educando y los nuevos conocimientos, ello
implica, que en muchas ocasiones el docente apele al
sacrificio personal para lograr el crecimiento de sus
alumnos. En
tal sentido, el docente no puede ser intransigente ni
autoritario. No hay nada más peligroso que la
intransigencia, por que la educación es, en medio de
todo, el arte de la convivencia, entonces, la actitud
apropiada es la transigencia. El consenso, es una de las
virtudes más importantes de la democracia, por lo tanto,
debe estar presente en la realidad educativa, que supone
el diálogo[xxvi].
En lo que uno debe ser intransigente es en el objetivo que
como docente persigue y en los principios morales donde
fundamenta su accionar personal y profesional. Transigir
en éstos dos aspectos significa, que el docente comenzó
a transitar el camino de la despersonalización. Por ello,
no se puede transigir ni en el objetivo ni en los
principios morales. En todo, menos en esto. El
docente nunca manda, cuanto mucho aconseja, es lo más que
se puede permitir; pero debe tener el método para motivar
a sus alumnos, de modo, que realicen lo que tienen que
realizar, con iniciativa y responsabilidad en un marco de
libertad. Quién proceda de modo diferente, choca con la
realidad educativa, y este es el principio del fracaso
docente. Para evitar este resultado que el docente debe
respetar y alentar el proceso educativo de cada uno de sus
alumnos. En
la relación humana, que supone la relación de enseñanza-aprendizaje,
debe estar basada en la lealtad y la sinceridad. Nadie
confía en el hombre al que no lo creen leal, más bien,
se le desconfía. Esta actitud de desconfianza rompe la
relación educativa, porque alienta la inhibición, la no
apertura de la interioridad, y esto evita que el alumno se
motive, y si está motivado, deseche todo lo bueno que ha
logrado hasta el momento en que percibe la deslealtad.
Ahora bien, la lealtad debe ser a dos puntas para que sea
tal: lealtad del docente y lealtad de los alumnos. En
cuanto a la sinceridad, fundamento de la lealtad, es el único
medio real de la comunicación en el marco de la educación.
Las reservas mentales, los subterfugios y los engaños son
los agentes de la destrucción, de la división, del
enfrentamiento, de la calumnia, etc..., estos elementos,
no tienen nada que hacer en el campo de la educación. Por
eso el docente, siempre debe ser sincero, aunque a veces
esta actitud sea algo desagradable, pero al fin de
cuentas, agradecerá siempre. Todos
estos valores espirituales que debe poseer el docente los
podemos sintetizar en un solo término: en el amor que él
debe dispensarle a sus alumnos. Porque el amor es lo único
que construye. Las enseñanzas sin amor son como palabras
sin sentido, sin significado para el alumno, que debe
redoblar sus esfuerzos para aprender. El amor no es fruto
de los sentimientos, mejor dicho, los sentimientos
edificantes son el fruto del amor y se cristalizan en
obras dignificantes. El amor es una decisión intelectual
que voluntariamente el hombre actualiza. Es la verdad
intangible transformada por el bien obrar en hechos
constructivos. Dicho de otro modo, el amor es obrar el
bien con uno mismo y con los demás en la misma medida. El
docente en el acto de enseñar, busca el bien del otro, y
el bien del otro es la posesión de nuevos saberes. De
ese amor surge el sentido de la justicia. El docente no sólo
debe conocer la justicia, sino sentirla profundamente. En
sus manos está el otorgar los honores a quien
corresponda, porque como decía Aristóteles: “La
dignidad no está en los honores que se reciben, sino en
los honores que se merecen”. De manera que, el docente
debe comprender que la justicia es la base de las buenas
relaciones, del respeto que por él sientan sus alumnos,
de la autoridad que él tenga frente a sus alumnos. Por
esto, sin sentido profundo de la justicia no se puede enseñar. Si
el docente es un verdadero Maestro, a la vez que enseña,
educa y lo hace por el mejor camino, que es el del
ejemplo. No delinquiendo él, no formará delincuentes. En
la enseñanza, las palabras mueven pero los ejemplos
arrastran. No cabe duda de que ese apotegma es muy sabio y
didáctico. Por cierto que es más difícil, porque
tenemos que dominar las pasiones. De manera, que así es
como se construye el respeto y la autoridad. El docente
debe inspirar respeto, por el respeto que él guarde a los
demás. Decir una cosa y hacer lo contrario es la mayor
falta de respeto. Por eso, el respeto está en la
coherencia entre lo que se enseña y lo que se hace. De
este valor, del valor del testimonio personal y
profesional, surge el respeto al otro, que es la mejor
forma de ser respetado. Ya
nos hemos referido al carácter de luchador que posee el
docente, pero también dijimos que no lucha por él, sino
por una causa. Por eso, cuando algo anda mal, no debe
sentirse ofendido personalmente, si debe mirar
desapasionada e inteligentemente, como corregir el error
en beneficio del objetivo que persigue. Por ejemplo:
cuando algunos docentes luchan entre sí, no están
trabajando por la causa de todos, lo están haciendo por
sus propios intereses, y ya sabemos cuales son las
consecuencias. También
hemos señalado que el docente debe estar lejos de las
pasiones. La pasión es, generalmente, producto de un
sectarismo. Esta posición ideológica es muy común entre
los docentes, y el docente no puede ni debe ser sectario,
ya que él debe enseñarle a todos sus alumnos. Él no es
docente de algunos, lo es de todos, por eso si se deja
llevar por las pasiones se convierte en un caudillo pedagógico.
Debe ser un hombre sin pasiones y si las tiene, tiene que
dominarlas y no dejarlas salir nunca, de lo contrario,
perderá la visión de conjunto, tan necesaria en la práctica
docente. Resumiendo,
tanto el sectarismo como el pasionismo son fatales en
nuestra causa. ¿Por qué los tradicionalismos de la
educación sucumbieron? Por sectarios. ¿Por qué
fracasaron los modernistas de la educación con su escuela
nueva? Por sectarios. Lo mismo ocurre con los métodos. Si
un docente es inflexible frente a éstos y reconoce a uno
sólo como válido, en desmedro de otros, necesariamente
fracasará, por sectario. Todas las ideas educativas, las
corrientes pedagógicas, los métodos que se desprenden de
ellas, poseen parte de la verdad pedagógica, pero sólo
parte. Ninguna se identifica con la verdad absoluta. Por
ello, el docente debe ser libre frente a las ideologías,
no puede quedar atrapado en ninguna de ellas.
Consecuentemente, el docente toma del “menú” esa
porción de verdad que le viene bien circunstancialmente.
Y si nada lo satisface del “menú”, crea la
herramienta más conveniente para resolver el problema. Otra
cualidad del docente es la bondad de fondo y de forma. Hay
hombres que son buenos en el fondo, pero ásperos para
tratar a la gente. ¡Qué tontos! Son buenos en el fondo y
no lo demuestran. También hay hombres que son malos en el
fondo, pero en apariencia son buenos, y te dan una puñalada
por la espalda. Éste es un asesino, aunque lo haya hecho
con dulzura. Éste, que es dulce, muchas veces es más
tolerado por la gente que el otro, que siendo bueno se
hace odiar por su forma. Por lo tanto, el hombre es un ser
complicado que muchas veces no puede hacer nada completo
por sus defectos. Por eso el docente, debe ser bueno en el
fondo y en la forma. Sólo así se llega a los alumnos,
porque a ellos se los gana solamente por el corazón. La
importancia de lo que venimos desarrollando está en
hacerlo, porque decirlo es fácil, lo verdaderamente
constructivo es hacerlo. Si, es difícil, pero posible.
Uno debe dominar los impulsos, porque para ser buenos en
el arte de enseñar, es condición necesaria ser reflexivo
y profundo. El audaz y el impulsivo no tienen las
condiciones para ejercer la docencia, no tienen las
calidades ni las cualidades para enseñar, porque para
ello es necesario emplear toda la ciencia y todos los
valores morales que uno posea y mientras más se posean, más
y mejor se enseña. Señalamos
con énfasis y reiteradamente, que puede enseñarse sin
una extraordinaria erudición intelectual, pero no puede
lograrse sin valores morales. El docente podrá ser, quizás,
no tan capacitado conceptualmente, que no es lo ideal,
pero si es carente de los valores referidos, no podrá
enseñar jamás y menos educar. Los
valores intelectuales se adquieren con cierta facilidad,
en cambio, los valores morales[xxvii]
, requieren de tiempo y esfuerzo para poseerlos, de actos
repetidos en le tiempo. Sin embargo, por un solo acto
negativo contrapuesto se pierden. Ocurre de distinto modo
con los valores intelectuales, se adquieren con cierta
facilidad y no se pierden con un solo acto negativo
contrapuesto, porque no existe este tipo de acto en el
campo intelectual. Lo que si nos puede fallar
transitoriamente es la memoria, pero lo aprendido
conceptualmente permanece almacenado, no se pierden estos
datos, menos aún si los utilizamos cotidianamente. Los
que fácilmente olvidamos, son aquellos conceptos que no
nos son significativos. Cada
acto en la tarea de enseñar nos da la oportunidad de
mostrar nuestros valores morales, por ello, no debemos
permitirnos desaprovechar esas ocasiones, porque difícilmente
se repitan de idéntica forma. Cada
vez que deba demostrar su capacidad intelectual en la enseñanza,
tendrá la importancia de salvar su prestigio profesional;
pero cuando muestre los aptitudes
morales, ello tiene el inmenso valor del ejemplo.
Por esa razón afirmamos que: si en todas las profesiones
es importante poseer valores morales, en la docencia es
indispensable. Hemos
dicho la gran importancia que tienen los valores morales
en el arte de enseñar, pero además de esta apreciación,
el docente es portador de vida, y vida en abundancia.
Mientras menos contenidos conceptuales, procedimentales y
actitudinales se posean, menos calidad de vida tiene la
persona. El acceso a la mayor cantidad y calidad de
saberes le posibilita al sujeto de la enseñanza una mejor
calidad de vida. Por esto, el docente es portador de vida.
Así como nadie puede dar lo que no posee, nadie puede
enseñar lo que no sabe ni experimentar lo que no es. No
se puede experimentar una vida plena, si no se vive en
plenitud, es decir: no se pueden enseñar contenidos
conceptuales, procedimentales y actitudinales si no se los
posee ni se los viven. Tanto
la capacidad de amar como la de crear, tienen un cabal
sentido en la enseñanza, en el ejercicio de la profesión,
en el docente como portador de vida. Es decir: el docente
es el que señala el camino de personalización, acompañando
comprometidamente, en este proceso, al alumno a descubrir
nuevos saberes que elevan al calidad de vida del mismo. El
que no accede a la construcción de los propios saberes,
puede tener una vida biológica abundante, sin embargo,
ser pobre, debido a la calidad y cantidad de saberes poseídos.
En este sentido, el docente cuando enseña se transforma
en portador de vida, y cuando más y mejor enseña, más
abundante será esa vida. A su vez, el educando construirá
saberes que lo harán cada vez más libre. En
cuanto a los valores intelectuales, que debe poseer el
docente, es preciso destacar que nadie da lo que no tiene.
Es decir: que el docente debe conocer su “oficio”, que
es sumamente difícil, porque no ha de conocer solamente
las formas de la acción educativa, sino que también debe
poner en evidencia permanentemente, los valores que ponen
en movimiento esas formas de la práctica docente. En tal
sentido, para ser portador de vida, debe poseerla primero.
Después podrá dar vida. Conocer
el “oficio”, es indispensable para el docente, porque
él no ha de ser un educador inconsciente, sino
“consciente”[xxviii]
y responsable de sus actos. Ha de ser moral, pero a la
vez, ha de estar profundamente capacitado, de lo contrario
puede hacer equivocar a los alumnos. Con
esto queremos significar, que en este campo también hay
dos clases de hombres: los que se acostumbran a transitar
por los caminos que otros construyen y a los que no les
gusta ser repetidores de lo que otros elaboran, y en
consecuencia, les gusta construir sus propios caminos. Los
docentes tienen esta segunda característica. El
docente es maravilloso para crear, y esto es bueno en su
justa medida. Porque si se lleva al extremo, la creación
pone en peligro la estabilización. Es cierto que todo
supone la perfectibilidad y ésta supone la creación
permanente. Pero también es cierto que hay un valor en la
estabilidad, porque estar empezando siempre, no es cosa de
cuerdos. Es
difícil que un docente, que es un hombre hecho para
crear, se someta a la necesidad de esperar la estabilización
para seguir reformando. Toda reforma, se hace sobre formas
hechas, creando nuevas cosas. Este es un asunto, que en el
docente, tiene una importancia extraordinaria: “que no
se deje devorar par la fiebre de la creación, porque
entonces, llega el caos. De la misma manera, no debe caer
en el extremo opuesto, porque entonces no hace nada. Esto
es algo fundamental, que el docente no puede olvidar: él
debe crear y construir, no copiar. Porque cuando se copia,
también se copian los errores y los vicios. El
docente debe poseer una técnica inteligente. Y decimos
una técnica inteligente, porque objetivamente
consideramos que hay de dos clases: las técnicas que en
cierto punto se esquematizan y caen en la rutina, en
cambio, la técnica inteligente es la que está en
permanente evolución. Si él estabiliza la técnica, se
queda atrás. No se puede decir definitivamente cual es la
técnica inteligente del docente, porque es distinta en
cada docente. Entonces, la habilidad está en mantener al
día la técnica y no esquematizarse o caer en la rutina
de una técnica que es superada por el tiempo. Por
lo tanto, el docente debe manejar la teoría con la mayor
profundidad de la que es capaz. Debe poseer además una técnica
actualizada. Su actualización debe ser permanente, ya que
también en esta materia el que no se actualiza, se queda
atrás. Es verdad que hay aspectos que perduran en el
tiempo; aquellos que hacen referencia a las esencias, que
hacen que las cosas sean lo que son y no otra cosa. Pero
también es cierto, que existen otros aspectos que
evolucionan constantemente.
Estos aspectos son los llamados “accidentes”,
que son al fin de cuentas, el objeto propio de la educación
y de la enseñanza, porque son susceptibles de perfección. Hoy
nadie puede dudar que la composición esencial del hombre
es cuerpo material y alma espiritual unidos
substancialmente. De la misma manera, no se puede dudar
que la inteligencia, la voluntad operativa y la voluntad
afectiva son facultades esenciales del hombre pasibles de
educación. Además la ciencia y la tecnología avanzan de
manera acelerada, aportándole a la humanidad nuevos y
mejores conocimientos, que han de ser enseñados. A su
vez, esta evolución científico-tecnológica
paulatinamente va produciendo cambios en los códigos de
comunicación, lo que también obliga al docente a estar
actualizado en materia comunicacional, para
establecer el diálogo educativo que requiere la
enseñanza. Estos
tres aspectos en constante evolución interpelan a las
culturas, a modo de agentes de cambio, provocando en ellas
una evolución constante y dinámica, a su vez, estas
culturas que son los contextos de la enseñanza,
interpelan al docente que si no se actualiza queda afuera
del contexto sociocultural. Este apartamiento es más que
suficiente para neutralizar toda acción educativa. El
docente debe lograr que la enseñanza sea pertinente,
eficiente y eficaz en ese contexto sociocultural
determinado. Es decir: que sea significativa. Hoy
sería ridículo exigirle a un perito administrativo el
manejo de “mecanografía” en la era de la computación.
Sería tonto pretender viajar en “carreta” si
disponemos del “tren bala”. Pero para manejar el
“tren bala” se requiere de cierta capacitación mayor
que para dirigir a un caballo con las riendas. El
modo de entender la formación, preparación para la
tarea, o capacitación para la Formación Docente, tiene
otro rasgo característico, consistente en calificar a
esta formación como continua; esto es como un proceso que
se inicia en un momento dado, cuando un sujeto decide
comenzar a capacitarse para la profesión docente, pero
que continúa a lo largo de toda la carrera como una
necesidad emergente de los procesos de trabajo para los
que debe continuamente prepararse. En
diversas ocasiones, hemos discutido la concepción vigente
de los planes de estudio para la formación de maestros y
profesores según la cual, la formación inicial se
entiende como el continente de todo el saber posible y se
reduce a las instancias posteriores de formación
(perfeccionamiento, actualización, etc...) al papel de
-retoques- sujetos a la buena voluntad de los actores.
Proponer que la formación docente es continua implica
discutir, a la vez, que la formación inicial deba
contenerlo todo, y que las instancias posteriores deban
depender exclusivamente de la buena voluntad de maestros y
profesores. Al
discutir que la formación inicial deba contenerlo todo,
queremos enfatizar que no debe convertirse a la formación
inicial en un enorme listado de todo el saber que -desde
una perspectiva netamente enciclopedista, en el sentido
peyorativo del término- nos gustaría que un docente
tuviera a su disposición. Se trata preferentemente de
seleccionar aquellos saberes estrictamente pertinentes al
contexto formativo de una carrera de grado: los que
permiten conocer, analizar y comprender la realidad, y
operar sobre ella con idoneidad a los fines de la enseñanza
para adquirir la capacidad crítica, reflexiva, evaluativa,
junto con la posibilidad del autoaprendizaje permanente. Obviamente,
no será el universo de los contenidos posibles; serán
saberes seleccionados según el criterio de pertinencia
que hemos propuesto, incluyendo una reflexión sobre su
estructuración que facilite la profundización en
las instancias posteriores de la formación. En términos
de la definición curricular, la pregunta aquí es: ¿Hasta
que punto determinados contenidos que se proponen para la
formación inicial o de grado son tan indispensables -a
los fines de conocer, analizar y comprender la realidad y
operar sobre ella- que deban construirse en la instancia
de la formación inicial,
y hasta qué punto son contenidos que bien pueden
proveerse en instancias a las que el docente acceda en el
curso de su carrera profesional posterior?. Al
discutir que las instancias posteriores de formación de
grado o inicial deban depender de la buena voluntad de
maestros y profesores, proponemos que dichas instancias
sean sistemáticamente previstas y provistas por el
sistema. Por ello, hemos previsto incorporar al concepto
de formación docente una serie de -momentos- o
-instancias- que la conviertan en continua, y hemos
propuesto que muchas de ellas tengan un aspecto de provisión
sistemática en los actuales institutos formadores, por
ejemplo: los trayecto y los “Postítulos”. Hemos
precisado que la formación docente debe responder a la
doble finalidad de conocer, analizar y comprender la
realidad educativa en sus múltiples determinaciones,
abarcar en los máximos niveles de profundidad posibles
las dimensiones de la persona, y elaborar un rol docente
que constituya una alternativa de intervención en dicha
realidad mediante el diseño, puesta en práctica,
evaluación y reelaboración de estrategias adecuadas para
la enseñanza de contenidos a sujetos específicos en
contextos determinados. Para
ello, la formación docente en su conjunto
- esto es, tanto la formación de grado como las
instancias posteriores- estará atravesada por cuatro líneas
formativas complementarias: el
análisis de la realidad educativa, incluyendo la propia
práctica profesional docente; el
análisis de todas las dimensiones de la persona para el
desarrollo de la formación integral del alumno; la
revisión de la experiencia formativa previa y de las
matrices de aprendizaje construidas en dicha experiencia; la
capacitación para apropiarse críticamente del saber. La
primera línea formativa responde a la exigencia de
centrar la formación en la práctica -reteniendo la
complejidad con que hemos definido el término práctica-. La
segunda línea formativa responde a la necesidad de
“profundizar las dimensiones de la persona del
educando”, para atender a las exigencias de una
“educación integradora” en el marco de una “educación
permanente”. En este sentido, desde la perspectiva de la
comunicación, podemos reducidamente decir: que las
dimensiones de la persona bien pueden sintetizarse en
cuatro fundamentales, tres de las cuales hacen referencia
a la propiedad esencial de trascendencia y la cuarta, a la
propiedad esencial de inmanencia. Entonces, las tres
dimensiones trascendentales son: religiosidad
- relación con Dios -, naturalidad
- relación con la naturaleza- y sociabilidad
- relación con los demás hombres -. La dimensión
inmanente es la individualidad
- relación consigo
mismo -. Y desde la perspectiva del modelo educativo, las
dimensiones son tres: la antropológica, la teleológica-axiológica
y la social. Por
las dimensiones supradichas, el hombre es capaz de crear
cultura, que luego va a incidir en el hecho educativo. Por
ello, insistimos tanto en el contexto sociocultural y en
el necesario desarrollo de las dimensiones de la persona. La
tercera línea formativa se define a fin de responder a la
constatación de que la socialización escolar carga al
sujeto de modelos de aprendizaje y rutinas escolares que
se conservan acríticamente, y de que estos modelos
y rutinas tienden a actualizarse durante el ejercicio
profesional cubriendo aquellos aspectos del rol que no han
sido objeto de construcción sistemática durante la
formación de grado. En este sentido, la revisión de la
experiencia formativa previa y de las propias matrices de
aprendizaje se constituye en una línea formativa clave a
fin de tematizar aspectos
concretos de la construcción y el ejercicio del rol
docente. La
cuarta línea formativa responde a la necesidad de dotar a
los docentes de herramientas para su formación continua,
por medio de la construcción de la dotación conceptual
e instrumental que caracteriza al trabajo académico.
Como aquí se la entiende, esta línea formativa no
vincula sólo con la apropiación de información
relevante y pertinente y con la reflexión sobre la
estructuración de los saberes que se construyen, sino
también con la construcción de modalidades específicas
de trabajo vinculadas con la producción, apropiación y
difusión de conocimientos que caracteriza al mundo académico. Al
definir estos cuatro ejes atravesando el conjunto de la
formación, sostenemos que no son líneas a cubrir sólo
en la formación inicial, sino que en la formación
posterior debe procurarse que las diversas modalidades de
capacitación integren estos cuatro ejes. Obviamente,
algunas instancias de capacitación se prestarán mejor
que otras a esta integración, pero será función de los
institutos de formación docente velar por la presencia de
los cuatro ejes en la oferta formativa que realicen. Con
estas afirmaciones estamos definiendo con claridad líneas
para la formación docente continua que, lejos de quedar
en meras intenciones declarativas, constituyen expresiones
de decisiones en cuanto a la política de capacitación
docente. Hemos
querido señalar, suficientemente, nuestra concepción de
la formación docente, porque tiene una sustancial relación
con el rol del docente, tanto la formación inicial como
la formación continua. En este sentido, la capacitación
permanente es otro elemento sumamente importante en la
tarea docente, porque es la materia prima de la enseñanza,
es decir; si
somos profesores de anatomía y no conocemos el cuerpo
humano con la debida profundidad, ¿qué vamos a enseñar?,
no alcanza sólo con transmitirle a nuestros alumnos
valores morales, éstos son la base de la enseñanza, pero
es necesario que en anatomía le enseñemos el cuerpo
humano, porque no somos profesores de moral sino de anatomía.
Anatomía es lo que establece el diseño curricular, y los
valores morales los transmitimos por medio del testimonio
de vida y/o como tema transversal que no es curricular. El
canal propio para transmitir los valores intelectuales es
la enseñanza conceptual y el propio de los valores
morales es la enseñanza actitudinal y ambos en la enseñanza
procedimental. En la enseñanza de los valores morales no
debemos olvidar que la aprensión supone un tiempo,
que son actos repetidos que se transforman en hábitos, no
es así con la enseñanza de hechos y conceptos. El
término enseñanza se liga más al proceso de aprensión
de hechos y conceptos que al volitivo y afectivo. En
cambio, el término educación contiene toda la enseñanza
- intelectual, volitiva y afectiva -. Enseñanza
pareciera referirse más a la transmisión de valores
intelectuales y tangencialmente a la transmisión de
valores volitivos y afectivos. Sin embargo, los términos
se los utiliza indistintamente. Esta distinción nos sirve
sólo para tener mayor claridad conceptual, y así podemos
referirnos con mayor precisión y evitar,
consecuentemente, ulteriores interpretaciones equívocas.
Por ejemplo: si nos referimos a la formación básica es más
conveniente el término educación, pero si nos referimos
a la especialización parece más conveniente el término
enseñanza. Hecha
esta aclaración terminológica, es bueno reafirmar que
los valores morales son el soporte de las convivencias áulica,
institucional y social, sin perder de vista, que son el
canal propio de la expresión de la dignidad del hombre;
en cambio, los valores intelectuales son el estímulo de
la conquista del mundo, del progreso, de la evolución que
eleva la calidad de vida del hombre. De ello se desprende,
que son valores que necesariamente deben complementarse,
que están intrínsecamente unidos. Por
lo supradicho, el docente debe poseer ambos y
actualizarlos permanentemente, para ser siempre un
constructor de éxitos. El docente como toda persona
humana, no se puede dividir en partes: un parte
intelectual y otra solamente moral. Esta división que
hacemos es a los efectos de su mejor estudio, pero en el
hombre siempre se expresan unidas: esencialmente unidas.
Vale decir: enseñando numeración o alfabetización o lo
que sea, siempre estamos transmitiendo (enseñando)
valores morales, porque los estamos viviendo. Por eso el
docente debe ser consciente de esta realidad, para evitar
la dualidad en el mensaje. “Enseñamos con lo que
decimos pero educamos con lo que hacemos y somos. Porque
lo que hacemos expresa lo que somos”. La
iniciativa en la docencia, juega un papel extraordinario,
porque el docente debe estar pensando siempre, qué
aspecto de su práctica profesional debe perfeccionar; qué
cosa va a dar mejor resultado, por pequeña que sea,
porque las grandes cosas se componen de pequeñas cositas.
Y, esas pequeñas cositas son las que no deben
descuidarse. La iniciativa, que muchos olvidan, tiene una
fuerza tremenda. Aprovechada adecuadamente la iniciativa
del hombre, se logran resultados extraordinariamente
maravillosos. Por
otra parte, el arte de la enseñanza presupone vivir la
situación, no basta con sólo conocerla, es necesario
analizarla y comprenderla. Además, para vivir la situación
también es necesario conocer al hombre, a la historia y a
los hechos. Tres aspectos que son instrumentos propios
para conocer la evolución de la enseñanza. Conocer
al hombre nos permite descubrir sus alcances y sus
limitaciones; el estudio de la Historia de la Educación nos provee del
conocimiento del proceder y actuar del hombre; con estos
conocimientos estamos preparados para entender el presente
y proyectarnos al futuro. Dicho de otro modo, desde un
ajustado conocimiento del presente poder prevenir los
acontecimientos futuros, de tal modo, estar preparados
para realizar una intervención educativa adecuada y
eficaz. En
lo dicho, se sustenta la faceta del rol docente extra-áulica
como modificador del contexto sociocultural, toda vez, que
se inserta en esa realidad, partiendo de un conocimiento
totalizador[xxix],
procurando desde su rol operar sobre ella. En
el Documento Curricular de la Dirección Nacional de Gestión
de Programas y Proyectos del Ministerio de Cultura y
Educación de la Nación: “Área de Formación
Especializada II Etapa”, leemos: “Teniendo
en cuenta que no se puede considerar a la tarea
docente como desvinculada del contexto
sociocultural-comunitario, es necesario que el futuro
docente se asuma como eje socializador que favorezca el
bien común y vehiculice eventuales transformaciones”.
Para ello, el docente debe poseer una conciencia crítica
de la realidad en la que está inmerso, no sólo de la
realidad inmediata áulica y luego institucional, sino de
la realidad sociocultural contextual de la misma institución
escolar, y además, para comprender esta realidad
contextual en la que está inmerso el centro educativo,
tiene que conocer, analizar y comprender los cambios
socioculturales de la humanidad. Vivir
la situación le impone al docente penetrar el contexto
sociocultural del que provienen sus alumnos. No solo
intelectualmente, sino aprenderlo vivencialmente. Así, y
sólo así, el docente podrá entender el “porque de
muchas cosas”, y también manejará los códigos propios
de la comunicación para con sus alumnos, de manera que
podrá realizar una enseñanza de calidad, es decir:
eficiente, eficaz, constructiva y productiva individual y
socialmente. Todo
se reduce, al fin de cuentas, a tener un concepción real
y clara de la realidad;
un criterio reflexivo y profundo fundado en saberes
de alta calidad conceptual, procedimental y actitudinal; y
poseer un método inteligente. Un
plan, generalmente, es una gran línea de acción que el
docente debe respetar y seguir, como el navegante sigue a
la estrella polar o la cruz del sur, es la brújula para
no perder de vista el objetivo. Sin un plan, no se llega a
ninguna parte. En
conclusión, el aspecto intelectual se reduce a saber
realizar el éxito educativo, y para ello, es necesario
saber concebirlo, prepararlo, organizarlo, ejecutarlo y
explotarlo. La
explotación pedagógica del éxito educativo significa,
que este éxito será el punto de partida para la reflexión[xxx],
pero también el éxito tiene el valor del ejemplo, que es
un modo de explotarlo, por aquellos que asimilan la
experiencia de los demás. El
éxito educativo es el fin de la práctica, en su doble
sentido, pero a su vez, fuente motivadora de
perfeccionamiento y actualización del docente en
actividad. En este sentido, hemos generado un auténtico círculo
virtuoso, que supone un constante mejoramiento de la
calidad educativa. NOTAS
[i] Tendrá la capacidad para elaborar diseños de enseñanza
de los contenidos curriculares, apropiados a contextos
sociales, culturales e institucionales específicos, a
las finalidades pedagógicas, al contenido y a las
características del aprendizaje, haciendo uso de
recursos y tecnologías apropiadas. Para ello deberá
aplicar, en el proceso de adaptación curricular,
criterios de selección y organización de contenidos
que permitan ajustar las propuestas de enseñanza en
función de los individuos, los grupos, y la propuesta
pedagógica general. Esto implica, necesariamente, que
comprenda el proceso de “transposición didáctica”,
de su necesidad y de los riesgos que conlleva, y de las
estrategias pedagógicas que posibilitan su concreción
en la práctica docente. [ii] Estará en condiciones de fundamentar teóricamente
sus prácticas áulicas enmarcadas en concepciones éticas
y sociales del conocimiento y en función de la
institución educativa en la que ejerce su profesión y
de la educación en su conjunto. [iii] Sabrá leer la realidad económica y social de la
comunidad que atiende la institución educativa donde
trabaja y especialmente de los grupos de los cuales
provienen sus alumnos y poseerá la formación pedagógica
y didáctica necesaria pera adecuar los diseños
curriculares vigentes en la provincia a los contextos
referidos, para asegurar la necesaria relevancia a su
tarea docente. [iv] Elaborará diseños e instrumentos de evaluación del
aprendizaje adecuado a la enseñanza de los contenidos
curriculares y a las características de los alumnos. [v] La promoción, planeamiento y ejecución de
innovaciones en los diferentes niveles del sistema
educativo escolarizado, fuera de su importancia como
estrategia de cambio educacional, asume una especial
relevancia en la acción formadora de las instituciones
de formación docente continua: 1.Participando de innovaciones
educativas, diseñándolas, desempeñando diferentes
roles pedagógico-didácticos, evaluándolas, el docente
(ya sea futura docente o en proceso de capacitación) se
expondrá a situaciones de aprendizaje con sus pares,
sus profesores, las familias de los alumnos, como así
también, se enfrentará con los marcos conceptuales que
estará manejando en su tarea profesional o que
necesitará manejar en su futura vida profesional. Se
expondrá, también, a las decisiones técnicas o
humanas que requiere todo proceso de innovación. 2.Todo ello hace que las
instituciones de formación docente continua deban empeñar
sus mejores esfuerzos para fundar su acción educativa
en una dinámica permanente de promoción de la innovación
pedagógica. [vi] Como si fuera un gabinete
psicológico [vii] Reduccionismo filosófico en
donde se sustenta la educación tradicional [viii] Reduccionismo psicológico,
donde se fundamenta la educación moderna con su escuela
nueva [ix] Todo lo que posee entidad. Lo
que es y por lo tanto existe de modo real. [x] Los diseños curriculares de la institución educativa
deben tener en cuenta la complejidad propia de los
procesos de construcción del conocimiento y la práctica
de la enseñanza; la provisoriedad de los saberes, la
diversidad de los grupos humanos y sectores sociales con
los que trabaja el docente en la escuela. 1.Atendiendo a todo ello, la
organización académica para la formación docente
continua debe asegurar variedad de propuestas, de
circuitos de formación, de modalidades y adecuación de
contenidos y destinatarios. 2.Para ello, se definen los
siguientes criterios: flexibilidad, apertura y
complementariedad de las propuestas curriculares. [xi] Deberá poseer las condiciones personales y la formación
técnica requerida para establecer relaciones
institucionales y personales positivas con las familias
de sus alumnos y los grupos de la comunidad a la que
atiende la institución escolar, con el objeto de
motivar y apoyar a ésta para su participación en la
institución escolar y para lograr que ejerzan su
irremplazable rol en apoyo del proceso de aprendizaje. [xii] Se reconoce con frecuencia como una de las características
predominantes tanto en la dinámica de la institución
escolar, cuanto en el ejercicio de la Conducción áulica:
La Fragmentación: 1.La fragmentación impide
reconocer el carácter complejo de enseñanza-aprendizaje
y la naturaleza sistémica de las organizaciones que
componen los sistemas educativos, y por ello produce
efectos negativos sobre la visión de la realidad
educativa, la articulación de los distintos campos del
conocimiento, empobrece las prácticas institucionales y
dificulta la integración de las instituciones escolares
con el resto del sistema educativo. 2.Estas fragmentaciones son múltiples
y se extienden a numerosos aspectos curriculares e
institucionales. 3.Una primera fragmentación que
tiene relevancia para la formación profesional docente,
se relaciona con la visión restringida de la realidad
educativa. 4.Esta fragmentación consiste en
reducir la tarea docente a enseñar contenidos,
habilidades o actitudes en forma aislada e
independientes unos de otros, con predominio de una
sobre las otras, según la tendencia histórica
predominante. Se basa sobre una concepción de la
realidad educativa que queda restringida al aula, olvida
en que medida la escuela, como institución, enseña. 5.La formación para un nivel de
enseñanza determinado sin incorporar las relaciones
existentes con otros niveles o áreas, ignorando los
otros agentes educativos (instituciones escolares, grupo
de pares, familias, etc.) puede producir en los docentes
un reduccionismo de su visión del sistema educativo. 6.El campo de la Formación
General de los Contenidos Básicos Comunes de la Formación
Docente Continua permite superar este tipo de
fragmentaciones. 7.Una segunda fragmentación que
afecta de manera directa la profesionalización del
docente, se relaciona con la definición de conocimiento
y de currículo. 8.Muchos desarrollo curriculares
han generado comportamientos estancos en el tratamiento
de las asignaturas impidiendo la integración de
distintos campos de conocimientos y de experiencias
realizadas. 9.Estos modelos se han
caracterizado por las rupturas y no por las
continuidades. 10.En algunos planes de estudio
para la formación docente predominó un modelo de corte
asociacionista, en el que el alumno recibía un
“quantum” de información teórica en el inicio de
su carrera que debía aplicar en el final de su proceso
de formación. 11.Esta organización se basaba en
una concepción del conocimiento y del aprendizaje que
desconoce el valor docente de la realidad “la práctica”,
relegándola a una mera aplicación “de la teoría”
aprendida en las clases y en los libros. 12.Por el contrario, la enseñanza
debe concebirse como una estructura no escindida,
integrando los aspectos teóricos y prácticos de los
distintos campos del conocimiento y las distintas fases
del proceso de enseñanza-aprendizaje en una compleja y
rica construcción de nuevos saberes. 13.Por otra parte, la tarea
docente concebida exclusivamente como el dictado de
clases empobrece el concepto de currículo y conduce a
un rol profesional primordialmente transmisor. 14.En síntesis, la formación
docente debe sustentarse en una concepción que integre
los conceptos disciplinares y su enseñanza en una
continua y permanente reflexión-acción, que le permita
al alumno-futuro-docente fundamentar las prácticas
profesionales desde los marcos teóricos de los que se
va apropiando, comprendiendo que se hallan inscriptas en
una realidad escolar y en un contexto social
determinado. 15.Una tercera fragmentación se
relaciona con las prácticas institucionales. Esta es
una de las fragmentaciones que más dificultan el logro
de una educación que pueda ser valorada por la
comunidad, contextualizada y ligada con la realidad
específica de los alumnos, se expresa frecuentemente
como una ruptura entre el trabajo del aula y la vida
total del alumno en la escuela o colegio. 16.La escuela debe ser, en los
hechos, una comunidad de trabajo intelectual, de
aprendizaje, si se quiere que los alumnos adquieran en
ella aprendizajes y una experiencia participativa,
grupal, del proceso de construcción del conocimiento. 17.La institución escolar educa
tanto como el currículo, mediante sus normas, las
experiencias que se incorporan participando de su
cotidianeidad, la concreción consiste o no, que se vive
en ella de los valores proclamados en las aulas, etc. 18.Por esto, la formación docente
continua cuidará de organizarse y funcionar teniendo en
cuenta el carácter verdaderamente docente de su vida
organizacional. 19. Finalmente, una última
fragmentación está dada por la falta de vinculación
de la formación docente con el sistema educativo. Más
allá de las experiencias que realizan en las prácticas
y residencia en particular con las instituciones
escolares para la cual se forman los
alumnos-futuros-docentes. 20.Las instituciones de formación
docente requieren establecer un contacto permanente con
el resto de las instituciones escolares del Sistema
Educativo, entre otras cosas porque esto les permite
conocer los problemas que la práctica les presenta, las
necesidades de capacitación de los docentes, y las
dificultades existentes en el tratamiento curricular de
los contenidos. 21. El contacto permanente con los
distintos establecimientos educativos de los distintos
niveles de enseñanza (incluido el universitario) y
otras organizaciones de la comunidad, otorgarán a los
institutos de formación docente continua la posibilidad
de intercambio que permita conocer las características
y particularidades del contexto, región, zona o población
en que se encuentran las instituciones educativas,
reconocer los aspectos a enfatizar en la formación
inicial, en la capacitación o en la formación para
nuevos roles profesionales, a partir del mismo
intercambio y de las primeras experiencias profesionales
de sus egresados. 22. A su vez, el instituto
formador podrá participar en programas o proyectos de
otras instituciones como parte de su propio Bioproyecto
Institucional. 23. Para posibilitar el logro de
esta formación integrada y contextualizada la propuesta
del sistema de formación docente incluye las funciones
de formación de grado, la de capacitación y la de
investigación y desarrollo. 24. Estas acciones
deben ser consideradas dentro de una dinámica
institucional que genere redes regionales y provinciales
de formación docente para poder establecer las
articulaciones necesarias y atender las demandas reales. 25. Para evitarla es necesario
fundamentar el proceso de enseñanza aprendizaje que
impulsa y organiza la escuela, en dos criterios
importantes. [xiii] De necesidad absoluta. [xiv] Evitar reducir la construcción de la intervención
educativa al entrenamiento en un listado de recetas
eficaces. [xv] Causa, motivo o ideal [xvi] La profesionalización docente supone: 1.Construir un saber profesional
específico que lo distinga de otros profesionales. Esto
implica, el dominio de un saber pedagógico
especializado que reúna las siguientes características:
complejidad, en tanto que interpreta la multiplicidad de
relaciones que se dan alrededor del hecho educativo,
entre sociedad, familia, docente y alumno, así como las
situaciones que se dan en el aula y en la escuela en el
contexto del sistema educativo; accesibilidad, dado que
posibilita el aprendizaje de otros sujetos y comprende
la formación integral de la persona; y utilidad social,
por su incidencia en la formación de un sector de la
población. Por ello la capacidad de seleccionar
contenidos socialmente significativos adquiere total
relevancia. 2.Los saberes básicos que
constituyen el saber pedagógico especializado se
detallan en los tres campos de los CBC de la formación
docente: 3.- El Campo de la Formación
General, le permite estar en condiciones de conocer,
analizar y comprender la realidad educativa en sus múltiples
determinaciones y disponer de la herramientas
conceptuales para investigarla e intervenir
efectivamente en ella. 4.- El Campo de la Formación
Especializada, le permite reconocer las particularidades
de sus futuros alumnos en función de su desarrollo
evolutivo y sus características culturales. 5.- El Campo de la formación
Orientada, le permite profundizar el conocimiento de las
disciplinas a enseñar para poder poner en práctica,
evaluar y reelaborar estrategias adecuadas para su enseñanza
en relación con los otros dos campos de conocimiento. 6.Comprender su vida laboral como
una carrera profesional que debe asumir como un
compromiso personal. 7.Por la naturaleza de sus
conocimientos sobre el rol docente, por su personalidad
responsable y flexible, deberá ser capaz de comprender
su vida laboral como una carrera profesional. 8.En función de ello, organizará
las etapas de su trabajo, las oportunidades y naturaleza
de su perfeccionamiento, los recursos necesarios para el
desempeño de su rol, los que deben serle provistos por
el sistema, y en general la integración de su vida
profesional en su vida personal. 9.Disponer de herramientas
necesarias provenientes de su saber profesional para
tomar decisiones adecuadas en las diferentes situaciones
que presenta el ejercicio de la profesión. 10.La tarea docente exige de
manera permanente tomar decisiones respecto de la enseñanza,
de las relaciones que establecen los alumnos con el
conocimiento, con otros grupos y entre sí, de
realizaciones de carácter institucional. Por eso la
formación inicial debe proporcionar la base de
construcción de herramientas para actuar
profesionalmente. Estas herramientas son, entre otras,
el dominio de recursos didácticos, disponer de
competencias de lectura y escritura que permitan una
comunicación adecuada, el desarrollo de la capacidad crítica
para reflexionar sistemáticamente sobre las propias prácticas
y evaluar sus resultados. 11.Desarrollar competencias para
el diseño y desarrollo de proyectos institucionales y
para el trabajo en equipo que permitan el logro de los
objetivos de la enseñanza y fortalezcan el papel de la
escuela. 12.El trabajo docente profesional
implica, necesariamente, un proceso de construcción
colectivo que se materializa en el Bioproyecto
Institucional. 13.El intercambio de experiencias,
las reflexiones y los análisis que de ella surgen, la
indagación teórica sobre temáticas determinadas entre
pares, refuerza la profesionalización ya que es el
camino que permite construir progresivamente los saberes
específicos de un docente. A su vez, constituye una vía
fundamental para la conformación de una comunidad
profesional docente siendo ésta una instancia
fundamental para lograr una auténtica profesionalización
del rol. 14.El desempeño del rol docente,
así concebido, otorga a la escuela una lugar pertinente
y específico en la sociedad en relación con la
producción y recreación cultural, así como el
reconocimiento de la producción y recreación de la
propia cultura de la escuela, y al docente un grado de
autonomía profesional. [xvii] Realidad sociocultural
cristalizada en el aula a través de cada uno de los
alumnos. [xviii] Contenidos básicos comunes [xix] Para el apropiado cumplimiento de sus tres funciones,
las instituciones de formación docente continua deberán
establecer relaciones funcionales permanentes con las
diferentes instituciones educativas de nivel superior,
sean éstas universitarias o no universitarias. 1.Para ello es necesario ampliar
el horizonte de su acción, estableciendo los nexos
necesarios entre las universidades, los institutos y los
centros de producción científica con el objeto de
lograr un continuo de formación desde los primeros
niveles de enseñanza. 2.Sobre la base de esa continua
interrelación institucional se trama una red, que deberá
constituir el vehículo para el intercambio de
experiencias de investigación, así como para la
generación de ofertas de capacitación, actualización
y perfeccionamiento docente. Convenios, asociaciones o
acuerdos enmarcarán estas acciones
interinstitucionales. 3.Se enuncian algunas acciones
descentralizadas para ilustrar el contenido que nutriría
el funcionamiento de esa red de formación,
perfeccionamiento y actualización docente continua a la
que se hace referencia más arriba, en un esfuerzo por
articular la resolución de los problemas que emergen de
la práctica docente cotidiana y el desarrollo continuo
de las competencias profesionales. 4.A. Articulación con y entre los
Institutos Formación Docente Inicial para: 5.• revisar y orientar
estrategias de formación de grado, empleando como
insumos la información relevada por todos los
departamentos, áreas o programas y bioproyectos que
atiendan la función de grado, capacitación e
investigación de todos los institutos formadores
y de perfeccionamiento, de la zona o región; 6.• conformar equipos intercátedra
para el dictado de cursos de grado; 7.• analizar, comparar y evaluar
materiales curriculares y bibliografías que circulan en
los institutos superiores no universitarios; 8.• difundir bibliografía
actualizada y de producciones científico-académicas
realizadas por los profesores en servicio. 9.B. Articulación con la
Universidad para: 10.• conformar equipos docentes
que convoquen a especialistas en un campo del
conocimiento y a equipos intercátedra para diseñar
acciones de actualización disciplinaria; 11.• discutir y producir
conjuntamente conocimiento pedagógico, para
diversificar perspectivas y enfoques de contenidos
curriculares de la formación de grado; 12.• producir y revisar
continuamente la renovación de los marcos pedagógicos-didácticos
que enmarcan la práctica docente. 13.C. Articulación con los
docentes de escuelas destino para; 14.• confeccionar “casos de prácticas
docentes” que den cuenta de los problemas cotidianos
para ser abordados en ateneos, seminarios, talleres
etc.; 15.• analizar y buscar elementos
permanentes que subyacen la enseñanza; 16.• analizar memorias
profesionales docentes sondear la trayectoria escolar de
los docentes; 17.• analizar, comparar y
evaluar materiales curriculares producidos por los
docentes con fines de enseñanza para explicitar sus
propias matrices de aprendizaje; 18.• analizar, comparar y
evaluar textos escolares que circulan en las aulas; 19.• analizar críticamente las
variables organizacionales que se explicitan en:
circulares, memorandum, horarios institucionales,
registro de trabajos de campo inherentes a las
situaciones de aprendizaje en el seno del instituto
formador etc., para revisar la pertinencia del trabajo
docente en el instituto; 20.• compartir las experiencias
de aula y de escuela para determinar las necesidades de
capacitación, perfeccionamiento y actualización que
deberán atenderse. 21.D. Articulación con los no
docentes (gremios, ONGS) para; 22.• propiciar estudios y
reflexión el entorno socioeconómico y cultural en el
que se enmarca el instituto formador; 23.• propiciar discusiones, en
el seno de diversos sectores socioeconómicos, en
materia educativa. [xx] Deberá poseer las condiciones personales y la formación
técnica requerida para establecer relaciones personales
e institucionales positivas con las familias de los
alumnos y los grupos de la comunidad a la que atiende la
escuela, con el objeto de motivar y apoyar a ésta para
su participación en la Institución escolar y para
lograr que ejerzan su irremplazable rol en apoyo del
proceso de aprendizaje. [xxi] La formación de maestros y profesores concebida como
formación docente continua, supone incluir en ella a la
formación inicial, a la capacitación y a la promoción
e investigación y desarrollo como elementos
inseparables de una unidad flexible, pero integrada.
Significa concebir a la formación docente como formación
inicial, capacitación e investigación y desarrollo. 1.La formación continua de los
docentes implica un proceso con diferentes fines y
momentos de aprendizaje, permanente, interactivo,
acumulativo, que combina una variedad de formatos de
aprendizaje orientados al desarrollo docente. 2.Es implica un proceso continuo y
permanente de perfeccionamiento y actualización, por la
provisoriedad del conocimiento y los diferentes roles
con distintos requerimientos a lo largo de la carrera
docente. 3.El carácter continuo de la
formación docente requiere circuitos de capacitación
articulados, que atiendan los problemas y las
necesidades de todos los docentes del sistema. Por otra
parte, ese esfuerzo de actualización crea las
condiciones para construir herramientas con el fin de
diseñar y ejecutar innovaciones como una acción
ordinaria en el sistema educativo. 4.Se abre, también, un espacio de
investigación que favorece la indagación sobre el
hecho educativo y sobre las propias prácticas, al
acceso a la producción académica y la difusión y
circulación entre colegas de las experiencias
realizadas. 5.Formación, capacitación, actualización
e investigación y desarrollo configuran, en
consecuencia, un único espacio de trabajo integrado,
dinámico y permanente que se articula en una dinámica
permanente de innovación pedagógica y da sentido al
criterio de profesionalización, en la medida en que es
manejado responsablemente por el propio docente, y por
todas las instancias del sistema. [xxii] No existe acción educativa que
sea neutral, dado que subyace a todo acto educativo una
direccionalidad, una intencionalidad. Esto último
responde a la interrogante ¿para qué? En esta dimensión
se insertan los fines, los valores y los objetivos. Los
fines constituyen las grandes aspiraciones para que
alcancen los
estudiantes. Los fines, en el fondo, representan
valores. Cuando los fines provocan la apetencia de ser
alcanzados, entonces, tenemos un fin transformado en
ideal. A lo largo de la existencia humana múltiples
ideales han surgido, tales como ser como Cristo, ser
caballero, ser honesto, etc… Cuando un valor, se hace
vida en alguien determinado, entonces, recibe el nombre
de bien. Tal es el caso, de Juan que ya no aspira a ser
honrado, sino que vive honradamente. Por lo tanto, Juan
tiene el bien de ser honrado. Los valores presentan las
siguientes características: Polaridad: esto es, a cada
valor le corresponde un contravalor. También son
eminentemente cualitativos, ya que no existe un valor
que tenga características negativas. Presentan jerarquía,
es decir, se disponen en orden de acuerdo a su
importancia. Los objetivos, desde la perspectiva teleológica
vienen a ser, fines intermedios, que una vez alcanzados
permiten alcanzar el fin propiamente tal. Lo importante
en educación, es saber que un sistema educativo es más
provechoso que otro de acuerdo a los valores que
sustenta. Otro hecho importante para la educación es
reconocer que los valores son cultivables y que un
relativismo valórico puede ser nefasto para la
integridad de las personas, de las instituciones como la
familia, la escuela y en general, para toda la sociedad. [xxiii] Tomar, poseer, comprender una
cosa. Acto que sigue al simple aprendizaje intelectual. [xxiv] Ver Valores del docente. [xxv]
ABSOLUTO: Categórico, irrestricto, definitivo,
incondicional. adj. Que excluye toda relación. Sin
restricción o limitación. De genio dominante. Walter
Brugger:
(incondicionado en sí), es lo que en algún aspecto está
exento de relación a otra cosa. Absoluto desde el punto
de vista lógico, es aquello que puede definirse sin
referencia a otro ser. En el plano ontológico es: 1º,
aquello a lo cual corresponde un ser en sí (como
substancia o como uno de los accidentes denominados
absolutos) y que, por consiguiente, no existe
simplemente como relación a otra cosa; 2º, lo que no
consiste en pura determinación del ser de otro ente {substancia};
3º, aquel ser que excluye toda relación real a otro
{el Absoluto}. Puesto que todo lo finito es causado y,
en consecuencia, dice relación a una causa, el Absoluto
ha de ser necesariamente incausado e infinito. En
cambio, no incluye contradicción el que el Absoluto sea
término final de relaciones. El concepto de absoluto no
coincide con la noción teísta ni con la panteísta de
Dios. En esta última concepción la totalidad de todo
lo recíprocamente relacionado carece de ulterior relación
(el universo); en la teísta por el contrario, la
totalidad de todo lo mutuamente relacionado encierra
también una relación a un ser exento de relaciones
(Dios) {cfr. Inmanencia y trascendencia}. En la esfera
del valor, absoluto es lo que vale independientemente de
cualquier condición. Como que un concepto considerado
sin atender al sujeto en que se realiza no está
sometido a las condiciones limitativas de éste, el
vocablo absoluto en el sentido pleno de la noción
significa frecuentemente ilimitado, incondicionado.
{Cfr. Sabiduría, Relativo, Dios y Panteísmo}. José
Ferrater Mora:
Se ha entendido por Absolutum en el vocabulario
filosófico latino, “lo que es por sí mismo. Lo
absoluto o el absoluto, substantivamente de el “ser
absoluto”, el “ente absoluto”, ha sido
identificado con “lo separado o desligado de cualquier
otra cosa” {ab alio solutum}; por lo tanto, con “lo
independiente”, “lo incondicionado”. La expresión
“lo absoluto” se ha opuesto, pues, con frecuencia a
las expresiones “lo dependiente”, “lo
condicionado”, “lo relativo”. Ahora bien, estas
precisiones verbales no son consideradas por muchos filósofos
como suficientes; gran número de pensadores han
intentado no solamente definir la expresión “lo
Absoluto”, sino también averiguar la naturaleza de lo
Absoluto. Varios problemas se han planteado a este
respecto. 1º el de la distinción entre diferentes
tipos de Absoluto; 2º el de las contraposiciones varias
entre lo Absoluto y los entes no absolutos; 3º el de la
posibilidad de referirse al Absoluto o a un Absoluto; 4º
el de los diversos modos de concebir lo Absoluto,
y 5º el de las formas adoptadas en el curso de
la historia de la filosofía por la idea de lo Absoluto.
Observamos que la sucesión de estos problemas no sigue
un orden lógico. En efecto, la solución dad a la
cuestión tres condiciona todas las restantes y, por lo
tanto, también
la planteada en uno. Sin embargo, colocamos a ésta al
frente, porque la mayor parte de los debates mantenidos
por los filósofos acerca de lo Absoluto, a las que
luego nos referiremos, han girado en torno a uno de los
tipos de lo Absoluto, distinguido en dicha primera
cuestión. Iº
Por un lado, hay una distinción fundamental establecida
por muchos autores (especialmente de tendencia escolástica);
la distinción entre Absoluto puro y simple o Absoluto
por sí, absolutum simpliciter y el Absoluto respecto de otra cosa o Absoluto en su género,
absolutum secundum quid. El Absoluto simpliciter es
equiparado por algunos a Dios; otros prefieren referirse
al respecto al Principio {de todo ser}, a la Causa {por
antonomasia}, al Ser, a lo Uno, etc. Dentro del Absoluto
secundum quid se distinguen otros tipos de Absoluto, por
ejemplo, el Absoluto por causa interna {por materia y
forma}, el Absoluto en su forma externa, etc. Por otro
lado, hay una seria de distinciones menos tradicionales
que las anteriores, pero no menos frecuentes en la
literatura filosófica moderna: las distinciones entre
el Absoluto que permanece en sí mismo y el que se
autodespliega o automanifiesta {ya sea “Lógico-metafísicamente”
ya sea temporalmente}, el Absoluto en sentido formal y
el Absoluto en sentido concreto, el Absoluto racional y
el irracional, el Absoluto como realidad y el Absoluto
como principio, el Absoluto aislado y el relacionado, el
inmanente y el trascendente, el infinito y el finito el
experimentable y el no experimentable, etc., etc. Ahora
bien, tanto estas últimas distinciones con la mayor
parte de las especulaciones acerca de lo Absoluto de que
trataremos en las secciones a continuación por lo común
al primer tipo mencionado de Absoluto: el Absoluto
simpliciter. Por eso consideramos la primera distinción
como la fundamental.
IIº Se lee con frecuencia en la literatura filosófica
que lo Absoluto se contrapone a lo dependiente, a lo
condicionado y a lo relativo, y así lo hemos puesto ya
de relieve al comienzo de este artículo al referirnos a
la expresión “lo Absoluto”. No obstante, conviene
distinguir entre dos contraposiciones: (1) lo Absoluto
se contrapone a lo dependiente y (2) lo Absoluto se
contrapone a lo relativo. Los autores tradicionales
{principalmente escolásticos} se han inclinado con
frecuencia hacia la primera contraposición y ha elegido
que sólo ella permite solucionar la cuestión de la
relación que puede establecerse entre el Absoluto (o un
Absoluto cualquiera) y los entes no absolutos. Los
autores modernos han preferido la contraposición
segunda. Al hilo de la misma se han edificado no pocas
doctrinas metafísicas. Así ocurre con el monismo[xxv],
con el fenomenismo[xxv],
con el dualismo[xxv]
o el platonismo, con el realismo metafísico, con el
idealismo absoluto, con el condicionismo, con el
inmanentismo, con el trascendentismo, etc., que, aunque
no son respuestas directas al problema del tipo de
contraposición que debe establecerse entre lo Absoluto
y lo No absoluto, se ven obligadas a adoptar una actitud
ante el problema, actitud que puede consistir, según
vimos, en negar uno de los términos de la contraposición.
Nos hemos referido también, a este punto desde otro ángulo,
en el artículo sobre la noción de fenómeno, en
particular al tratar las distintas formas aceptadas de
relación entre el fenómeno y en lo en sí.
IIIº La mayor parte de los filósofos del pasado
han admitido o la existencia de lo Absoluto (o de un
Absoluto) o cuanto menos la posibilidad de hablar con
sentido acerca de su concepto. No ha sido necesario para
ello sostener una metafísica enteramente racionalista;
concepciones de índole empirista o
“experiencialista” acerca de lo Absoluto(como lo
muestra el ejemplo de Bradley) no quedan enteramente
excluidas. En cambio, cierto número de filósofos,
especialmente abundantes en el período contemporáneo,
se han negado a incluir en su pensamiento la idea de un
Absoluto. Esta negación puede asumir tres formas. Por
un lado, puede negarse que exista un Absoluto y
considerar lo que se diga acerca de él como resultado
de la imaginación; las especulaciones en torno a lo
Absoluto (alegan los autores que propugnan este tipo de
negación) no son propiamente filosóficas, y menos aun
científicas, sino literarias o poéticas. Por otro
lado, puede negarse que sea legítimo desarrollar ningún
concepto de lo Absoluto, especialmente porque todo
intento de esta índole desemboca en antinomias
insolubles. Finalmente, puede negarse que sea posible
siquiera emplear con sentido la expresión “lo
Absoluto” alegando que tal expresión carece de
referente observable o que viola las reglas sintácticas
del lenguaje. La primera opinión ha sido mantenida por
muchos empiristas; la segunda, por numerosos
racionalistas de tendencia inmanentista); la, última,
por la mayor parte de los neopositivistas.
IVº Los que admiten la posibilidad de concebir
un Absoluto no están, empero, siempre de acuerdo al
modo como debe introducirse su idea. Algunos opinan que
el órgano normal de conocimiento de lo Absoluto es la
razón Especialmente la razón pura o especulativa).
Otras abogan en favor de la experiencia (ya sea la
experiencia común, ya una experiencia especial y
excepcional que ciertos autores consideran como específicamente
metafísica). Algunos consideran que ni la razón ni la
experiencia son adecuadas a tal respecto, puesto que lo
Absoluto no es ninguna cosa determinada y de
consiguiente, no es posible ni, propiamente hablando,
“decible”, sino solamente intuible. La intuición
propuesta puede ser, por lo demás, de diversos tipos:
intelectual, emotiva, volitiva, etc. Otros señalan que
todo decir acerca de lo Absoluto es inevitablemente
tautológico, pues no puede salir de la frase: “Lo
Absoluto es lo Absoluto”; no hay, pues, más remedio,
concluyen, que pasar de la idea del Absoluto
a la de un Absoluto, y de su aspecto formal a su
aspecto concreto. La única dilucidación posible acerca
del Absoluto será, entonces, la que consiste en mostrar
qué absoluto hay más bien que en pretender señalar
que es lo Absoluto qua Absoluto.
Vº La última posición no se ha manifestado
siempre explícitamente, pero ha sido la más común en
la tradición filosófica. En efecto, aun ciertos
autores que han estado poco o nada inclinados hacia un
análisis del concepto de lo Absoluto han admitido en su
pensamiento conceptos que refieren a lo que es habitual
considerar como una entidad absoluta. He
aquí varios ejemplos: la Esfera, de Parménides; la
idea del bien , de Platón; el primer motor inmóvil, de
Aristóteles; lo Uno , de Plotino; La substancia, de
Spinoza; la Cosa en sí, de el Yo, de Fichte; la
Voluntad, de Schopenhauer; lo Inconsciente, de Eduard
von Hartmann. Toda aceptación de una realidad primaria,
radical, fundamentante, etc., puede ser equiparada a la
aceptación de la existencia de un Absoluto. Ahora bien,
cabe incluir no solamente los conceptos que se refieren
a una realidad, sino, también, a los que expresan un
principio. Así, la admisión de que existe una “Ley
del Universo” que sería la ley del Universo que forma
parte, asimismo, de la historia del concepto de lo
Absoluto. Común a todas las citadas concepciones es el
supuesto de que solamente un absoluto puede ser un
Absoluto. Se ha alegado que con ello se es infiel a la
idea de lo Absoluto, pues éste debe ser tan
incondicionado e independiente, que no puede estar
sometido a las condiciones que imponen ninguna de las
entidades mencionadas o ninguno de los principios que
podrían descubrirse. Pero no es fácil escapar de otro
modo a la dificultad apuntada al final de (IV),
dificultad que algunos autores consideran como la más
fundamental con que el concepto de lo Absoluto ha podido
chocar. Karl
Rahner y Herbert Vorgrimler: lo que existe en sí y
por sí mismo, y no depende de ninguna otra cosa. [xxvi] Dos interioridades que se
comunican [xxvii] Valores morales: hábitos
edificantes de la persona. [xxviii] Consciencia. Que posee
ciencia, conocimiento. [xxix] Universalidad de la enseñanza. [xxx] Base
inicial de la próxima práctica
Roberto Magni Silvano (Título: Profesor en Ciencias Religiosas y de la Educación con orientación en Catequesis y Conducción Educativa) Ejerzo la docencia en la Escuela Normal Superior T-9006 (del Departamento de Rivadavia, Provincia de Mendoza, Rca. Argentina) en "Problemática Sociocultural"; "Formación Ética y Ciudadana"; "Didáctica de la Formación Ética y Ciudadana"; Práctica e Investigación Educativa II" y "Práctica e Investigación Educativa III", con el siguiente criterio: "La educación como medio para la evangelización" de aquí el nombre de mi correo "emanuel educa" que quiere decir: "Dios con nosotros educa".
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