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Godofredo Daireaux (1839-1916) Al lector Los hay entre éstos, llenos de picardía, de envidia, de ingratitud, de egoísmo, de orgullo, de avaricia, de ignorancia, de mala fe y de muchas otras cosas feas, cuya enumeración sería mucho más larga que la lista de sus virtudes; y no hay duda que el hombre es muchísimo mejor que esos seres inferiores. Pero podría suceder ¿no es cierto? por una gran casualidad, que también se encontrasen hombres que no fueran modelos de lealtad, de desprendimiento, de gratitud, de modestia, de generosidad, de buena fe, y para enseñarles a corregirse, el apólogo es y siempre será de gran resultado; por lo menos podrá servir de desahogo al que sienta la imperiosa necesidad de reprender sin herir, y si por sus alusiones y sus indirectas, las fábulas hacen cosquillas al que las oiga... ¡que en silencio se rasque! Bien raras veces, por lo demás, se da uno por aludido: cuando, en un círculo de muchachos, algún travieso ha pegado con alfiler colas de papel a dos de sus compañeros, todos, por supuesto, se ríen, pero, más que los otros, siempre los dos que llevan la cola. La fábula no hace personalidades; y su gran poder, justamente, consiste en que a nadie choca, ya que siempre puede cualquiera desconocer en ese espejo las arrugas de la propia cara y aplicar a otro la semejanza; pero no por esto deja de ser siempre más eficaz la sonrisa indulgentemente burlona del fabulista que la voz severa y los ojos redondos del pedante. También te diré, lector, el porqué del título. Y un gaucho, un peón, que caminaba algunos pasos delante de nosotros, al momento dio vuelta la cabeza y alargó el pescuezo, prestando con interés el oído en espera del resto. No seguí ese día, porque no había tiempo, pero la mirada hambrienta de cuentos de ese hombre había bastado para que me decidiera a juntar todos los que andaban sueltos en el cajón de mi mesa y también en mi cabeza, haciendo de ellos el modesto lío que aquí te ofrezco. Y si también las llamé Fábulas argentinas, es que, aunque lo mismo pueden ser de aplicación en cualquier otro país, me han sido inspiradas, casi todas, por acontecimientos y personajes argentinos, o por sucesos e incidentes acaecidos aquí, entre gente radicada en esta tierra; y que sus actores son, con muy pocas excepciones, animales pertenecientes a la fauna argentina. Fábulas Argentinas: |