Domingo 28 de Enero de 2007
Política y medio ambiente
Calentamiento global
Después de décadas en
que el tema parecía ser bandera excluyente de ecologistas
radicalizados y científicos locos, el fenómeno del cambio climático
acapara hoy la agenda internacional. ¿Cuál es la verdadera gravedad
del problema?
Por Juana Libedinsky
NUEVA YORK/LONDRES
.-"La pistola humeante se encuentra sobre la mesa." Así, resumidas
en esa frase categórica, el científico Jerry Mahlman le adelanta a
LA NACION las conclusiones del informe que la Comisión Internacional
para el Cambio Climático (CICC) difundirá en París esta semana y que
despertaron gran expectativa en todo el mundo. Pese a que no se
darán detalles sobre el contenido hasta el viernes próximo, Mahlman,
encargado de revisar las 1600 páginas del estudio, le dijo a LA
NACION que las evidencias sobre el cambio climático que revela el
informe son "abrumadoras". Y aunque este ex director del Laboratorio
de Geofísica de la Dinámica de Fluidos, de la Administración
Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, cree que buena
parte del proceso de calentamiento
global es todavía reversible, también cree que, cuanto más
esperemos, más serio se volverá el problema.
¿Cuán serio?
Después de décadas en que el tema parecía ser un granito de arena
agigantado por la retórica de militantes radicales, científicos
locos o filmes del cine catástrofe, por interés genuino o por
cálculo electoral o económico el fenómeno del
calentamiento global está ahora entre los temas más
acuciantes de la agenda internacional. La semana pasada lo puso en
evidencia: por primera vez, Bush se comprometió a limitar los
combustibles, y lo hizo en su discurso sobre el estado de la Unión;
diez grandes empresas norteamericanas (entre ellas, General Electric,
DuPont, Caterpillar y BP América) pidieron al gobierno de EE.UU. una
reducción del 10 al 30% en las emisiones de dióxido de carbono en
los próximos 15 años; en el encuentro de Davos, que se realiza en
Suiza, los máximos líderes políticos y empresariales del mundo
coincidieron en definir el problema climático como el tema más
importante para el mundo, pero también como aquel para el que
estamos menos preparados.
Ya antes de esta semana "caliente", la entrega del reporte que el
gobierno británico había encargado a Nicholas Stern, este ex
economista jefe del Banco Mundial, elevó los niveles de alarma sobre
el tema. En parte, porque sus conclusiones eran bastante
catastróficas -si no se adoptan medidas, dijo, la temperatura subirá
unos cinco grados centígrados en los próximos 100 años y los efectos
negativos del proceso podrían costarle a las economías del mundo más
que la Primera o la Segunda Guerra Mundial- y, en parte, porque la
voz de alarma provenía del corazón del sistema capitalista.
Lo cierto es que si hay dos palabras que resumen el espíritu de la
época en este comienzo de 2007, éstas son "cambio climático". Pero
son palabras que llegan cargadas de polémica, tanto porque todavía
hay científicos que descreen -del fenómeno o de sus consecuencias-,
como por los efectos políticos y económicos que ya empiezan a
hacerse sentir.
"Hemos llegado a un punto de inflexión en cuanto a lo que el público
percibe de un tema que toca al corazón de la civilización tal como
la conocemos hoy, dependiente de los combustibles fósiles y de la
tierra reconvertida para la agricultura", explica a LA NACION
Cynthia Rosenzweig, especialista en clima de la NASA.
En el mundo científico, que espera con expectativas las conclusiones
del informe de la CIPP - elaborado por más de 600 especialistas,
examinado por otros 600 y editado por funcionarios de 154 países-,
se extiende el rumor de que ese informe declarará que hay un 90 por
ciento de posibilidades de que el efecto invernadero desde 1950 se
haya producido a causa del aumento del dióxido de carbono y otros
gases en al aire que han crecido por acción del hombre, y que un
mayor aumento de temperaturas (posiblemente entre cuatro y ocho
grados) y del nivel del mar está en camino.
¿En qué punto estamos?
Sin embargo, eso no parece responder de manera categórica a las
preguntas más acuciantes: ¿en qué punto de peligro está el planeta
exactamente? ¿Qué barreras ya hemos pasado que no tienen vuelta
atrás y cuáles estamos a tiempo de corregir con las medidas
correctas? Y, sobre todo, ¿cuáles son esas medidas?
Según Chris Flavin, presidente de World-Watch, organización líder en
temas climatológicos, no hay respuestas fáciles a estas preguntas.
"Lo más escalofriante es que no podemos saber exactamente dónde
estamos parados porque todo es muy complejo. Lo que es seguro es que
hemos pasado ciertos puntos de inflexión y, aunque reduzcamos las
emisiones, no está claro cuánto podamos volver atrás. Hay que
imaginar que estamos en un auto, manejando con los ojos vendados
hacia un precipicio. No sabemos a ciencia cierta qué hemos dejado
atrás, lo único que está claro es que, cuanto antes apretemos el
freno, antes evitaremos la catástrofe".
Vijay Vaitheeswaran, autor de Power to the people: How the Coming
Energy Revolution will Transform an Industry, Change our Lives, and
Maybe Even Save the Planet , y editor de energía y medio
ambiente para The Economist , señala al menos una tendencia
irreversible "que debería preocupar a los porteños y su maravillosa
Buenos Aires": "El nivel de las aguas va a subir aún si limitamos
las emisiones de dióxido de carbono, y afectará a todas las ciudades
costeras".
Pero, si alguien puede poner en claro hasta qué punto el debate
divide a los científicos, es Richard Lindzen. Profesor de física
atmosférica y meteorología del MIT, miembro de la Academia Nacional
de Ciencias y el más renombrado crítico de las teorías sobre
calentamiento global de origen
antropogénico, Lindzen considera que la Tierra es un planeta muy
dinámico, y su dinamismo tiene poco que ver con el hombre. Más aún,
señala que tendencias climatológicamente relevantes sólo pueden ser
determinadas tras el análisis de largos períodos, típicamente de 100
años o más. Lindzen duda, incluso, de que haya habido un cambio
irreversible. "Hay más dióxido de carbono en la atmósfera. Esto no
va a cambiar el clima, pero sí tendrá algunos efectos. Por ejemplo,
plantas que necesitarán menos agua, con lo cual se afectará
positivamente la producción de alimentos", dice.
Ecología y política
Si todavía hay tanta discusión, ¿por qué el presidente Bush, después
de haberse resistido durante años a que EE.UU. firmara el protocolo
de Kyoto, decidió anunciar medidas contra el
calentamiento global en su reciente mensaje al Congreso?
Lindzen vuelve a las respuestas tajantes: "Bush no es un científico,
y lo que dijo es el resultado de presiones en un momento de
histeria. Hablar del comportamiento extraño del clima es parte del
folclore de los diarios. El tema es cómo se explica este cambio. En
el siglo XVI se quemaban brujas. Ahora estamos haciendo lo mismo en
este nuevo acercamiento medieval a la naturaleza, desesperados como
estamos por echarle la culpa a algo o a alguien de lo que no
entendemos. Durante las últimas dos décadas se ha probado una y otra
vez que las predicciones alarmistas eran erradas, pero la gente las
cree cada vez más. Lo más triste es que es un proceso que va a
atrasar a la sociedad y que va acostar millones de dólares en
pérdidas de puestos de trabajos y en el aumento de la burocracia
para controlar emisiones", dijo a LA NACION.
Sin embargo, aunque la posición de Lindzen es cada vez más
minoritaria, su reflexión sobre el nuevo sistema a que obligaría el
cambio de combustibles, por ejemplo, apunta a las relaciones -nunca
suficientemente claras- entre ecología, política y negocios.
Porque, naturalmente, toda regulación y límite implica costos y
burocracia. ¿Por qué algunas de las más importantes empresas de
EE.UU. están tan apuradas ahora por introducir controles externos
sobre sí mismas? Más allá de que puedan tener genuina conciencia
verde, Flavin señala dos puntos fundamentales. Por un lado, dado que
ciertos estados como California están adelantados en cuanto a
legislación, les es complicado tener que lidiar con ellos
separadamente y prefieren que ya se introduzca una política nacional
unificada. Por otra parte, sienten que si la legislación que busca
limitar el calentamiento global se
aprueba durante la presidencia de Bush, no va a ser tan dura como si
ocurriera con un próximo primer mandatario posiblemente Demócrata y
no falta tanto para las elecciones.
Lindzen tiene una visión más cínica aún. Pese al impacto que causó
el documental de Al Gore Una verdad inconveniente, planteado
como un urgente llamado a entender la gravedad del peligro, el
científico del MIT se permite incluso dudar de las intenciones
reales del político demócrata.
"Para las empresas es simplemente una manera de hacer dinero.
Algunas son compañías financieras que se van a beneficiar con la
compra y venta de los permisos, y van a ganar millones de la nada.
Por algo Al Gore está asociado a una buena cantidad de bancos de
inversión, sentado en sus directorios. Además, las grandes compañías
pueden apoyar las restricciones a la emisión porque saben que les
pueden transferir el costo a sus consumidores, cosa que sus pequeños
competidores no pueden hacer", subrayó. Para Lindzen, por ejemplo,
el informe Stern ya fue desafiado seriamente aun por científicos que
apoyan visiones bastante alarmistas. "¿Recuerda la vieja serie ´Sí,
Premier Ministro , sobre el funcionario servil? Bueno, esto es un
caso parecido, Stern simplemente le dio a Blair el documento que
justificaba lo que Blair quería decir".
¿Qué hacer ante posiciones tan antagónicas? Según Vaitheeswaran,
siempre va a existir incertidumbre porque el sistema climático es el
más complicado que conocemos. Pero hay tres puntos que, en los
últimos años, han ganado consenso aun entre los críticos de los
escenarios catastróficos relacionados con el
calentamiento global: 1) la Tierra está calentándose; 2)
el uso de combustibles de origen fósil contribuye al problema y 3)
si no hacemos nada, puede ser que haya consecuencias devastadoras.
Para Vaitheeswaran, ese "puede ser" no debería dejarnos inmóviles.
"No podemos darnos el lujo de esperar a que la ciencia avance y nos
dé una certeza total, porque podría ser demasiado tarde, y la vida
está compuesta por decisiones que debemos tomar en situaciones de
incertidumbre. Actuar ahora es como sacar un seguro contra
incendios. Y, por las dudas, además debemos tener siempre
extinguidores cerca".
¿Qué podemos hacer todavía?
Hay coincidencia generalizada en que es necesario poner un límite
total a las emisiones de dióxido de carbono de la industria y,
debajo de éste límite, permitir a las distintas compañías comprar y
vender sus permisos de emisión. Además, hay que acelerar el uso
eficiente del combustible y desarrollar fuentes de energía
alternativas, como eólica y solar.
"Los problemas pueden ser resueltos", dijo en diálogo telefónico
desde la la reunión del IPCC en París, Richard B. Alley, profesor
del Departamento de geociencias de la Pennsylvania State
University.Un informe del gobierno alemán estimó que se podría
solucionar el efecto invernadero a un costo de aproximadamente el 1
por ciento de la economía mundial. Probablemente gastamos mucho más
que eso ahora solucionando otros problemas. Aun así, es caro, así
que requiere de la acción conjunta de gobiernos e individuos".
También desde el encuentro en París, Kevin Trenberth, investigador
senior del National Center for Atmospheric Research, señaló que el
abordaje del problema debe tener tres aristas: la mitigación para
frenar el problema; el reconocimiento de que el cambio climático
está aquí y prepararse para sus consecuencias; y, finalmente, la
construcción de una base de observación, para poder registrar el
cambio climático en tiempo real y poder planear mejor.
En cuanto a las conductas individuales: un uso más cuidadoso de la
energía en el hogar y la reducción al mínimo del uso de autos con
combustible tradicional. Hay sitios web como
www.carbonfootprint.com que ayudan a los individuos a
calcular cuánto mal hicieron con su consumo y cómo ir borrando sus
"huellas de carbono", como se llama a estos nuevos pecados.
http://www.lanacion.com.ar/878717