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En 1505, año en que el capitán Juan de Esquivel, después de haber vencido
a Cotubanamá en la isla Saona, fundara la Villa de Higuey, llegando a ella
los primeros colonos, hermanos Alonzo y Antonio Trejo, trayendo consigo
la imagen de la Virgen de la Altagracia, entre 1502 y 1515; narra la
tradición que La Virgen María en advocación de La Altagracia se le había
aparecido a un viajero higueyano en la sección Don López de Hato Mayor.
Refiere la leyenda oriental que en el mes de enero un colono español que
acostumbraba viajar desde Higuey a la capital a negociar ganado, salió desde su
casa con el encargo que le hacían sus dos hijas, una de ellas, la mas pequeña,
exigía que le fuera traída una imagen de la Virgen María bajo la advocación de
La Altagracia, la mas grande pidió ropas y alhajas.
De regreso a la sección el padre de las niñas trajo regalos de la hija mayor,
pero le fue imposible conseguir la imagen de la Virgen de Altagracia, a pesar de
que la había buscado por todos lados, incluso la había solicitado a los
canónigos del cabildo y aún al mismo Arzobispo, quienes le contestaron que no
existía tal advocación.
“Al pasar por Dos Ríos, sección Don López, el viajero hizo una parada en casa de
un amigo. En este transito, ya entrada la noche, cenando todos en familia
refiriendo el caso de la Virgen desconocida, manifestó el huésped viajero el
sentimiento de aparecerse en su casa sin llevar el encargo que le había hecho su
hija predilecta (*)
En el transcurso de la conversación un anciano que había solicitado pasar la
noche en el lugar se puso de pie y llegando hasta la mesa donde estaban los
concurrentes afirmó que tenía consigo la Virgen de la Altagracia. El anciano
abrió su alforja y sacó un lienzo de la imagen de María.
Rozagante de alegría, el viajero ofreció lo que pidiera el anciano en monedas o
ganado como recompensa por la imagen hallada, pero este volvió a su rincón
pidiéndole que le llevara la imagen a la niña.
El 13 de septiembre de 1935, el Ayuntamiento Municipal declara la zona
comprendida entre ríos Casuy y Almirante, llamada Hoyón, como “Posada de la
Virgen de la Altagracia”, a solicitud del Arzobispo Adolfo Alejandro Nouel,
quien visitó el lugar.
Durante las batallas de Palo Hincado- 1808- y de la Independencia Nacional
(1844), los combatientes del Este invocaron a la Virgen, igual que como lo
habían hecho en el combate de La Limonada.
Las ermitas de Hato Mayor del Rey fueron consideradas como centros religiosos
protegidos por San José –recuérdese los abogados de los cuales se valía
Francisco Dávila en su mayorazgo- hasta que fueron cambiadas en 1846 por el
Pbro. Pedro Carrasco y Capeller.
Las festividades de San José eran celebradas entre música de atables, palos,
bongoes, balsié, mangulinas, plenas y fuegos artificiales, hasta altas horas de
la noche, adorando la imagen de madera del santo, ubicada en un altar, todo un
ritual bailable, para lo cual se elegía un Rey y una Reina. Cada noche durante
la novena tradicional se escogía un padrino, quien se encargaba de los gastos de
los paleros que tocaban sin parar en las enramadas de barrios como Media Chiva.
Cambiando el patrono, las celebraciones empezaron a hacerse en homenaje a la
Virgen de Las Mercedes.
Fue Antonio Coca Landeche Vevers, esposo de Josefa Dávila heredera del mayorazgo
de hato mayor, quien trajo la primera escultura de la Virgen de Las Mercedes
–hacia el año 1770- al poblado. Le siguieron Mercedes de la Rocha – 1830-, el
general Pedro Santana 1846, Carlos Vilomar –1916-, y Juan Barceló Artíguez en
1953.

