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El perfil educativo de los atenienses era hacer de cada uno un héroe militar. Los niños eran educados para la guerra. Si el niño nacía débil, defectuoso o enfermo, se lo arrojaba al vacío desde el monte Taigeto. Los hijos bien dotados se criaban en el hogar hasta los siete años. Posteriormente, hasta los dieciocho años se hacía cargo el Estado de la educación, a cargo de un maestro, por grupos. Se los sometía a ejercicios rudos y largas marchas, debían endurecer su cuerpo, soportar el hambre y el dolor, aprender a luchar y defenderse con habilidad, y hasta a robar sin ser sorprendido para demostrar su astucia. Aprendían los poemas homéricos, pues exaltaban el heroísmo, textos morales, peanes o cantos guerreros, además de la gimnasia, ejercicios militares y maniobras en conjunto. Debían expresarse escuetamente, con pocas palabras; de allí proviene el "laconismo". Cuando dejaban la escuela a los 18 años se integraban a la infantería como hoplitas, hasta los 30, en que dejaban el ejército y formaban parte de la Asamblea. Debían casarse y compartir comidas por las tardes con grupos de compañeros. A los 60 años dejaban de tener obligaciones militares y podían pertenecer al Senado. Las mujeres no recibían formación intelectual pero sí física, para tener hijos sanos y fuertes para la guerra.
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