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Marina y el Gato Montés No sería nada fuera de lo común si te dijera que van a abrir un nuevo zoológico en mi barrio. Pero con un simple hecho como es eso, pueden ocurrir cosas estupendas. Para poder comenzar a contarte que fue lo que realmente pasó y por qué viene hasta aquí la gran historia del Zoológico, debo presentarme. Yo soy Marina, vivo con mi familia en el Barrio... en fin, en un barrio y soy fanática de los felinos. Todos dicen que con sólo diez años soy una chica encantadora y astuta. Y eso será porque siempre busco qué contarle a la gente, algo que sea nuevo e impresionante. Por eso, desde que el zoológico nuevo se inauguró mi vida comenzó a cambiar... Mi hermana se llama Lucía y como es mayor que yo, siempre que quiero ir a algún lugar tengo que ir con ella. Lucía es muy importante en esta historia porque es con ella con quien iba camino hacia el nuevo zoológico. Al llegar, las dos comenzamos a recorrer los largos pasillos repletos de fantásticos animales. Será porque se cansó o se aburrió, que cuando me di vuelta para comentarle qué grande que era la Boa Constrictor, Lucía ya no estaba. Pero eso no me preocupó ya que siempre me deja sola en cualquier lugar y situación. Como sabía que ella no iba a regresar continué mi paseo por el zoológico. Y fue cuando llegué al sector de los felinos, que las cosas estupendas comenzaron a suceder. Un gran Gato Montés me miraba desde arriba de un árbol y yo, por primera vez en mi vida, sentí impulsos de hablarle. Pero eso no fue necesario ya que el gato bajó de la rama y se arrimó hacia la reja desde la que yo lo miraba con extrema aprensión. Gloriosa y milagrosamente el Gato Montés habló: ‘Soy Oscar’, dijo. La reacción que tuve ante esas dos simples palabras fue tal que me sentí mareada y tuve que salir del zoológico. Una vez fuera, me arrepentí de haberme ido, pero como volver a entrar no me parecía una buena idea, decidí regresar a mi casa. Mi mamá, Marta, me esperaba con una gran taza de leche y cereales que comí apurada para poder ir a mi habitación a pensar. El gato me dejó tan sorprendida que hasta no vi mi programa preferido: “Los animales están de fiesta”. Cuando terminé de reflexionar sobre el hecho que me había acabado de suceder, llegué a la conclusión de que los felinos no son los animales más lindos y desde ese momento decidí que los perros me agradaban mucho más. Pero no estaba todo resuelto, porque en ese mismo instante entró en mi habitación Lucia, con un paquete enorme. Con preguntar qué era no me saqué la duda ya que ella sólo sonrió y puso el paquete en mis manos. Y como la única manera de sacarme la duda era abriéndolo, eso fue lo que hice. Por unos minutos lo único que pude hacer fue mirar al gran gato de felpa que tenía ante mí y me di cuenta que los gatos pueden parecerme extraños pero me identifican. Hasta el día de hoy duermo con mi gran gato de felpa en la almohada. Aunque el zoológico no fue una aventura muy larga, me enseñó que mis gustos o actitudes no van a cambiar por un simple hecho, y en este caso, un Gato Montés. María
Clara Barbano
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