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SIGNIFICADO DE LA CORONA DE ADVIENTO
La
costumbre es de origen pagano, esta corona representaba el ruego al
sol para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los
cristianos, para prepararnos a la venida de nuestra LUZ y VIDA, la
Natividad del Señor, aprovechamos esta "Corona de adviento"
como medio para esperar a Cristo y rogarle infunda en nuestras almas
su luz. EL
CIRCULO. El círculo es una figura geométrica
que no tiene principio ni fin. La corona de adviento tiene forma de círculo
para recordarnos que Dios no tiene principio ni fin, es eterno. También
nos ayuda a tomar conciencia que venimos de Dios y a Él vamos a
regresar. También es símbolo de su unidad y eternidad. Por eso,
nuestro compromiso es la UNIDAD, pues sólo así podremos llegar
juntos a la Casa del Padre. No nos salvamos solos sino en
“racimos”. Jesús ora a su Padre, diciendo: “Yo
ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me diste,
que ya son tuyos –todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío-, y yo
he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos
se quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti. Padre Santo, guárdalos
en ese tu Nombre que a mí me diste, para
que todos sean uno como nosotros.” EL
VERDE DE LAS HOJAS O PLANTAS. La corona
se hace de follaje verde (ramas de pino o de cualquier árbol) y esto
representa que Cristo está vivo entre nosotros (el verde es vida),
además de que nos recuerda nuestra vida de gracia y la esperanza que
debemos cultivar durante el Adviento. Jesús nos dice: “Como
la rama no puede producir fruto por sí misma si no permanece en la
planta, así tampoco pueden ustedes producir frutos si no permanecen
en mí. Yo soy la Vid y ustedes las ramas. Si alguien permanece en mí,
y yo en él, produce mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer
nada.” LAS
VELAS. Las 4 velas representan los 4
domingos de Adviento. Las 3 primeras que se encienden son moradas para
recordarnos el espíritu de vigilia y esperanza que debemos tener para
prepararnos a la llegada de Cristo. La última vela es rosada o blanca
y simboliza que el nacimiento del Señor está muy cerca. El día de
Navidad las velas moradas son substituidas por otras de color rojo que
simbolizan el espíritu festivo de la reunión familiar. En el centro
se coloca una vela blanca o sirio simbolizando a Cristo como centro de
todo cuanto existe. Jesús nos dice: “Ustedes
son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la
cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla
debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que
ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los
ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean
sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.” LA
LUZ. La luz de las velas simboliza la
luz de Cristo que desde pequeños buscamos y que nos permite ver,
tanto el mundo como nuestro interior. Cuatro domingos antes de la
Navidad se prende la primera vela. Cada domingo se enciende una vela más.
El hecho de irlas prendiendo poco a poco nos recuerda como conforme se
acerca la luz las tinieblas se van disipando, de la misma forma que
conforme se acerca la llegada de Jesucristo que es luz para nuestra
vida se debe ir esfumando el reinado del pecado sobre la tierra. La
luz de la vela blanca o del cirio que se enciende durante la Noche
Buena nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz
de esa vela blanca en Navidad nos recuerda como en la plenitud de los
tiempos se cumple el "Advenimiento del Señor": “El
pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los
que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has
multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan
en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la
alegría por el reparto del botín.” ELEMENTOS
EVANGELIZADORES DEL ADVIENTO
Si
observamos los diversos elementos que nos sugiere la expresión litúrgica
del Adviento, nos llenamos de sorpresa al comprobar su enorme valía
evangelizadora: 1.
La
venida del Señor no es mera visita, para luego marcharse o
desaparecer. El Señor, revelado como
Padre de toda la humanidad en la persona de su Hijo Jesús, no «viene»
para unas simples fiestas (de la Navidad y Año Nuevo), ni para
llenarnos de sentimientos para con el «niño Jesús», ni para
animarnos a repartir unos regalos caros o baratos, ni para animarnos a
comprar la lotería de los «millones», ni para estrenar nuestros
nuevos vestidos. Viene a buscar al ser humano/humanidad que trata de
ser «diosecillo» y dar la espalda al gran «Otro», al gran Amor.
Viene a buscarte a vos y para quedarse con vos, en tu corazón. Hoy,
el pesebre de Jesús es cada corazón dispuesto a aceptar su amor, tan
humano como divino. (pegar el
corazón y el pesebre en la pared y al centro). 2.
El
Señor viene a cumplir mejor su obra, la obra humana.
Nosotros nos empeñamos en hacer múltiples proyectos, muchas veces
abortados por nuestra propia inconstancia, miopía, egoísmo,
soberbia. Viene a completar la obra humana rescatándola del mal y
llenándola de espíritu salvador. El corazón humano, feliz y lleno
en su identidad de hijo/a, y en su convivencia de hermano/a. Así
fueron María y José, modelos de hombre y mujer nuevos, dispuestos a
colaborar en esta gran obra salvadora de Dios. (pegar
las figuras de María y José). 3.
Viene
a despertarnos de las sombras nocturnas y ponernos en vela para
acceder a la luz del día, del amor, de
la esperanza, de la verdad, de la justicia, del perdón, de la paz.
Estos son los signos con los que nos llega el Señor. (pegar
la estrella). 4.
El
Señor se nos revela como el Dios Padre de la salvación de la
humanidad. Una salvación que nos es
fundamental para vivir, crecer, hermanarnos, rescatar a nuestros
hermanos de la miseria, de la injusticia, de la violencia, de la
marginación, de las cadenas, de la ceguera del poder. Ayudar a los más
necesitados. (pegar los
pastores). 5.
Llega
el Hijo del Hombre, el hombre más pleno, el modelo de la nueva
humanidad, la puerta de los nuevos
tiempos de gracia, amor y hermandad, la aurora de la gran esperanza,
el canto feliz de los peregrinos a la casa del Padre, el pan-alimento
de la mesa de todos los hermanos. (pegar
sobre el pesebre al niño Dios). 6.
Es
también el tiempo del Espíritu del Padre,
el verdadero «precursor» de Jesús de Nazaret, anunciándonos y animándonos
hoy a abrir nuestro corazón para dejarnos inundar de ese «nuevo ser
filial y fraternal» necesario para salvarnos, necesario para la
verdadera unidad y la verdadera esperanza. Permitamos pues que el Espíritu
Santo venga y nos llene de su calor, de su fuerza y de su amor, y
desde hoy comprometámonos a ser hermanos de verdad. Estrechemos
nuestras manos y oremos. "Iglesia Joven:Camino de Esperanza" Pastoral Juvenil Arquidiocesana, San José, Costa Rica. !Jesucristo Ayer, Hoy y Siempre Joven! Comisión Arquidiocesana de Pastoral Juvenil capj@yahoogrupos.com.mx cfjmsps@racsa.co.cr
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