01-06-05 | Infobae |
Los mejores inventos argentinos de la
historia
No se trata del dulce de leche ni del mate. Conozca las creaciones que
modificaron la historia del mundo. Además, los inventos que lograron
convertirse en una Pyme
Cuando Juan Vucetich desarrolló en 1891 el sistema de huellas digitales para
la identificación de personas, distó de imaginar que su creación daría la
vuelta al mundo.
Del mismo modo, otros avances argentinos recorrieron y recorren el planeta.
Uno de los inventos con más impacto comercial fue el Ladislao Biro, quien
comenzó a idear el bolígrafo 1936 y 1938. En 1944 logra mostrarlo en el
mercado y hasta el día de hoy, es uno de los inventos con más repercursión
comercial.
El género femenino también aportó su creatividad. Lola Mora, aunque fue
conocida más como artista, también fue pionera en la invención.
Obtuvo varias patentes y entre sus creaciones se destacan un sistema para
proyectar películas de cine sin pantalla (utilizando una columna de vapor),
y sistemas para la exploración minera.
En el campo de la medicina, el doctor René Favaloro ideó una técnica
quirúrgica llamada "bypass", hoy utilizada en todos los sanatorios. Por el
hallazgo, Favaloro recibió numerosos premios en todo el mundo. Sin embargo,
pese a haber sido un cirujano excepcional, no puede ser considerado
propiamente como un inventor, ya que nunca presentó u obtuvo ninguna patente
de invención, aseguran desde la Escuela Argentina de Inventores.
Grandes creaciones
La memoria se remonta a Luis Agote, un argentino que creó instrumentos para
la transfusión sanguínea. Gracias al aporte de este inventor, se logró la
primera transfusión con sangre almacenada.
El campo inventivo llegó también al séptimo arte. En 1917, Quirino Cristiani
revolucionó la industria cinematográfica al idear la primera tecnología para
armar dibujos animados.
Ya en tiempos modernos, Mario Dávila se las ingenia para transformar un
semáforo común en un semáforo para ciegos.
“Hay varios casos que, a partir de tecnologías muy simples, han creado PyMEs
de base tecnológica con capacidad exportadora y han obtenido valiosos
premios. Así, crearon fuentes genuinas de trabajo y contribuyeron a mejorar
la calidad de vida de nuestra sociedad”, explica Eduardo Fernández, director
de la Escuela Argentina de Inventores.
Fernández preside una institución cuyo objetivo es ofrecer un sistema de
capacitación permanente para formar inventores profesionales y, también,
crear opinión pública sobre el verdadero y valioso rol social.
Las pymes a las que se refiere Fernández ya están en carrera. Hugo Olivera
fue uno en poner su invento en práctica y convertirlo en un negocio
redituable. Olivera es el responsable del Descorjet, un revolucionario
destapador de bebidas espumantes.
Algo similar ocurre con Ricardo Maclen, espíritu creador de una máquina
emblistadora para el uso farmacológico. En otras palabras, la máquina hace
los blister para los medicamentos. La misma senda siguió Nicolás Di Prinzio,
un joven a quien se le ocurrió crear un señalador magnético para libros
llamado Flaps.
Todos pueden pertenecer
Fernández explica que, en principio, cualquiera puede ser inventor. En ese
caso debe solicitar formalmente ser inscripto como socio. Es aceptado si
tiene un proyecto y firma un código de ética de la asociación, entre otros
requisitos.
Además, por tercer año consecutivo, miembros de la Asociación Argentina de
Inventores han ganado el concurso Ciudad y Tecnología (2001, 2002 y 2003),
organizado por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La última vez se premió un invento acorde a la época que se vive. Dos
inventores se llevaron un galardón por crear un cesto de basura
antivandalismo, algo así como un tacho que soporte ataques de perros y de
personas que destruyen el cesto y desparraman los deshechos.